Viaje Colegial A Lisboa

-Maialen Santesteban- Este sábado a la 1 de la mañana nos montamos alrededor de unos 50 colegiales para
empezar lo que se convertiría en un viaje memorable. El trayecto de ida en bus se hizo
ameno a partir de cierta hora en la que todo el mundo fue acogido por los brazos de Morfeo.
A las 9 de la mañana llegamos a la capital portuguesa, que nos recibió estupendamente.
Las primeras dos horitas se basaron en un buen desayuno por cualquier emblemática
cafetería y dar un pequeño paseito a orillas del Tajo o por los alrededores de la Plaza de los
Comerciantes donde nos reunimos todos a las 11. A partir de esta preciosa plaza los
colegiales del Europa nos dirigimos hacia el castillo de San Jorge paseando por las
callejuelas del barrio de Alfama. Creo que todos coincidimos en que fue un barrio que nos
sorprendió muchísimo y que nos hizo sentir como en nuestro pueblo de verano. Tras esta
parada, en la que muchos nos negamos a pagar la entrada al castillo, hubo varios planes
alternativos: unos se fueron a disfrutar de las impactantes vistas de la ciudad por los
distintos miradores, otros se quedaron de cañas, algunos visitaron mercadillos diferentes…
Después de nuestras visita matutina por la ciudad, nos alejamos un poco del centro para ir a
la zona del albergue y comer algún plato típico portugués por precio estudiante. (¡Vivan los
chollos!). Nada más terminar, entramos en nuestro albergue tan maravilloso. Nos llevamos
una gran sorpresa al descubrir la fantástica terraza que tenía el sitio. Tras una pequeña
siesta bien merecida, terminamos en lo que terminaría siendo nuestro lugar favorito de
Lisboa: el mirador de Santa Catalina. Es un sitio donde el buenrollismo y la buena energía
se palpa en el ambiente. Un sitio donde todo el mundo está feliz simplemente disfrutando
del atardecer a orillas del Tajo y en compañía de tus amigos.
Alrededor de las 11:30, después de una cena para rellenar el estómago, comenzamos a
conocer la noche portuguesa. Empezamos con unas cervecitas en la calle del tranvía para
terminar en la Pink Street llena de bares diferentes entre sí y alguna que otra discoteca.
A la mañana siguiente, el Europa viajó hasta Belén. Allí visitamos la torre de Belén y el
monasterio tan característico. A la visita no le podían faltar los deliciosos pastelitos que no
engordan en absoluto.
El viaje de vuelta transcurrió con normalidad. Fue un gran viaje del que todos nos llevamos
un gran recuerdo.
¡Viva el Santa!

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