Una retrospectiva: KANDINSKY

–Sofía Fernández– Y por fin llegó. Vassily Kansinsky aterriza a españa en cuerpo y alma de la mano de sus obras más personales, una colección monográfica que ilustra su arte y su vida, que pasa desde la mayor elegante pulcritud sobre el lienzo, a la máxima complejidad de abstracción.
El montaje se encuentra expuesto de forma que podemos ver las etapas por las que pasó el pintor, desde Múnich, pasando por su docencia y consagración como célebre en la Bauhaus hasta su muerte en París.
¿De qué podemos disfrutar cuando visitamos la colección?
La dimensión perceptual a la que se enfrentan nuestros sentidos cuando observamos un cuadro de la última etapa del pintor (que el mismo bautizó como Composiciones) es etérea, la dificultad de la que disponen sus obras, no tanto las primeras, sino más bien las más cercanas a su muerte, obstaculiza de alguna forma nuestro disfrute y placer en el momento de apreciar alguna de sus pinturas.
Hace falta pasar por mucho arte para llegar a comprender al rey de la abstracción. No obstante, en cada sala están explicadas una por una las obras, minuciosamente, masticadas, de tal manera que se nos brinda el lujo de engañar ilusoriamente a nuestra imaginación y pensar, de una u otra manera, que somos capaces de apreciar un caballero en tonos magenta y amarillentos, así como un mar de luz cian.
Gracias a la profunda explicación, referida a sus obras anteriormente, centrada ahora en su vida, podemos comprender los hechos que han marcado el transcurso por la tierra del artista, las vivencias que lo han hecho caminar largos senderos en los que ha explorado el amor y el dolor, la guerra, el exilio y la derrota, hechos y matices que han dejado huella autobiográfica en cada una de sus pinceladas.
Saliendo del Centro Cibeles (lugar de exposición de la monografía) me percato de que ahí dentro, no importaban los cánones estructurales previamente establecidos, el mundo se torna algo voluble, sustancial, representativo. La magnificencia del pintor descansa, en mi opinión, en elevarnos desde una interpretación estática de la forma, a una dimensión ilustrativa y simbólica.
“El color es el teclado. El ojo es el martillo, mientras que el alma es un piano de muchas cuerdas. El artista es la mano a través de la cual hace vibrar el alma humana´- Vassily Kandinsky”

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