Triunfo de la ultraderecha en Brasil.

-Félix Núñez Ruiz-

El candidato del Partido Social Liberal, Jair Bolsonaro ha derrotado al candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, en las elecciones generales del país sudamericano con el 55% de los votos.

Tras el recuento electoral de la segunda vuelta de las elecciones generales de Brasil el domingo 28 de octubre, los resultados dieron la victoria al ex-militar y candidato ultra-derechista del Partido Social Liberal, Jair Bolsonaro, frente a Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (cuya fraudulenta organización con su ex-secretario Lula da Silva, ha sido objeto de numerosas investigaciones en los últimos años), con el 55,13% de los votos, alrededor de 5.500 municipios en los que ha sido mayoritariamente votado, frente al 44,87% de los votos de su rival, Haddad. Las estadísticas llevadas a cabo en el país dan una idea del perfil medio de sus votantes, habiendo vencido electoralmente en el 87% de los municipios con mayor riqueza del país (principalmente en el sur y centro-oeste), y el 85% de los municipios con mayor presencia de raza blanca (mayormente en el sur del país), así como en la mayor parte de las ciudades.

El ex-militar de 63 años ha levantado polémica en numerosas ocasiones (siendo prueba de ello el atentado con arma blanca que sufrió en Sao Paulo el pasado 7 de septiembre), con sus declaraciones racistas, sexistas, xenófobas, homófobas,…; su deseo de introducir en el Gobierno a cinco cargos militares como ministros, así como al magnate financiero Paulo Guedes como ministro de Economía, quien pronostica futuras privatizaciones; su promoción de Sérgio Moro, el juez que condenó a prisión al expresidente Lula da Silva tras la investigación del caso Lava Jato, como ministro de Justicia; su admiración no disimulada hacia la dictadura militar de Brasil (194-1985); o su apoyo a la política de Donald Trump, llegando a tratar de emularlo, con su propuesta de construir un muro en la frontera con Bolivia. De hecho, ha sido felicitado por el propio Trump tras su victoria electoral.

A su vez, el hecho de que Bolsonaro haya sido felicitado por su elección como presidente de Brasil también por varios países latinoamericanos tales como Argentina o Colombia, es un reflejo de la expansión de la ultraderecha por el continente americano, de forma ciertamente análoga a la expansión de las mismas tendencias que sacuden a Europa en la actualidad. Concretamente, se puede comprobar en el caso de Argentina, que sufre una crisis debido a la huella económica dejada por el “Corralito” de 2001, que ha llevado a un proceso inflacionario del peso argentino que dura hasta la actualidad, y que en su momento impidió a muchos ciudadanos argentinos poder sacar dinero de sus cuentas bancarias, a la cual han intentado poner solución sucesivamente la ex-presidenta Cristina Kirchner y el actual presidente Mauricio Macri. Estos, a su vez, han agravado la situación política con varios escándalos y casos de corrupción. En este contexto de gran tensión, la entrada de la influencia de la ultra-derecha se hace cada vez más evidente a través de los movimientos evangelistas argentinos, siendo estas tendencias proclives a generar conflictos en un contexto de división política entre el kirchnerismo y el peronismo (movimiento político más izquierdista, fundado en 1945 por el coronel Juan Domingo Perón tras su salida de prisión).

Sin embargo, Jair Bolsonaro y sus tendencias de ultra-derecha tampoco se salvan de la crítica de determinados sectores. Estos constituyen el perfil opuesto al de los votantes del ex-militar, es decir, la población de las zonas marginales, principalmente la población indígena de la selva amazónica, que se sienten desprotegidas ante las propuestas políticas racistas de Bolsonaro, así como las familias con rentas escasas que contaban con las ayudas que se les proporcionaban durante el mandato de da Silva.

El triunfo electoral de da Silva es una prueba irrefutable del auge de la extrema derecha en muchos países no sólo europeos, sino también americanos, como es el caso de EEUU o a raíz de estos sucesos, Brasil. El mapa político mundial se encuentra, por consiguiente, en el camino hacia un punto de no retorno que sólo puede resolverse a través de unas delicadas maniobras de relaciones internacionales, aunque cada vez parece ésta la propuesta menos efectiva.

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