Tiembla Sudamérica

-Guillermo Suárez-

A la inestabilidad económica en Argentina, al retorno a la violencia en Colombia y las protestas contra el gobierno en Ecuador, se le ha sumado ayer el estado de excepción decretado en Chile a raíz de las protestas desencadenadas por el descontento de la población ante la creciente desigualdad económica en el país, que cristalizaron con la decisión del gobierno de aumentar el precio del bono de metro en Santiago de Chile.

A finales del pasado Septiembre, los fantasmas del retorno a la lucha armada por parte de las FARC fueron cobrando fuerza. Si bien en Colombia tras la firma del acuerdo de paz se integró en el parlamento del país a los antiguos líderes de la guerrilla, el devenir de los acontecimientos no satisfizo al sector más radical de las fuerzas paramilitares. Y es que, durante las negociaciones para la paz, hubo ya una serie de grupos dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que se negaron a entregar sus armas, debido a su consideración de que dicho proceso fue un “pacto entre élites”, que no reflejaba la voluntad de la inmensa mayoría de los guerrilleros. El anuncio el pasado mes por parte de un líder de un sector disidente de las FARC de la vuelta a la lucha armada, ha vuelto a conmocionar a todo un país, sin que hubiese habido tiempo a reponerse de toda una era de violencia.

En Ecuador, un decreto económico que ponía fin a una serie de subsidios, especialmente al carburante, desató una oleada de protestas que duraron doce días. Las protestas, que fueron lideradas por un sector indígena de la población, dejaron escenas de violencia, de vandalismo y, sobre todo, de una durísima represión policial. Además de la brecha social que generó dicho decreto, ya rectificado por el presidente Lenin Moreno, se aumentó sustancialmente la brecha política entre el actual presidente y la oposición, aumentando de esta manera la polarización del escenario político en el país. Si bien las protestas cesaron en el momento en que manifestantes y ejecutivo llegaron a un acuerdo para que el presidente diese marcha atrás, en el parlamento las tensiones siguen al alza.

En Perú la situación no es tan grave, pero sí que resulta preocupante la proliferación de casos de corrupción en las altas esferas políticas, las cuales han generado un clima de inestabilidad en el Parlamento, que ha sido disuelto a petición del ejecutivo, como paso previo a una nueva convocatoria de elecciones, y que está siendo investigado por el tribunal constitucional, que a su vez está compuesto por una serie de miembros designados por el ejecutivo, lo cual lleva a cuestionar la separación de poderes en el país.

El ultimo país en sumarse a esta oleada de protestas ha sido Chile. La causa de las mismas radica en la creciente desigualdad económica, que queda patente en los reducidos salarios y la inflación, en ocasiones derivadas de prácticas anticompetitivas de las empresas de algunos sectores como el farmacéutico, que han operado en colusión, generando aún más descontento en la población. La gota que colmó el vaso fue la subida del bono de metro, desatando una serie de protestas lideradas por estudiantes, así como una campaña para alentar a la gente a que se colase en el metro sin pagar. Las protestas fueron a más, y el presidente Piñera decretó la pasada madrugada el estado de excepción, así como el toque de queda. Los militares patrullaron ayer por las principales ciudades del país al caer la noche, cargando contra los manifestantes que decidieron hacer caso omiso del toque de queda, y dejando alguna que otra actuación bastante reprochable. Es de hecho esa medida del toque de queda la que más ha enfurecido a la población, recordando a algunos de los ciudadanos que vivieron bajo el mandato de Pinochet los tiempos de la dictadura, y es la que muchos consideran, será el fin de la carrera política del presidente.

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