¿Qué se esconde tras “La fiesta de las salchichas”?

-Claudia Bennasar Bonnín-

Estas últimas semanas, la polémica ha sido sembrada con el estreno de la película “La fiesta de las salchichas”. “¡¿Pero cómo quieren enseñarles eso a los niños?!” Muy fácil, no quieren. La fiesta de las salchichas no es una película para niños, sino más bien para aquellos adultos aficionados al humor negro – al menos, así se presenta en un primer momento-.
Al fin y al cabo, cuando sabes que detrás de ella se encuentran los productores de ´Malditos Vecinos´ o los guionistas de ´Supersalidos´, ya puedes imaginarte cuál será el hilo que van a seguir. No obstante, la fiesta de las salchichas va más allá de eso, se trata de una crítica social de la forma más gamberra que podemos encontrar.
Vamos a repasar el argumento: Nos encontramos en el supermercado Shopwell, donde todos sus productos tienen vida propia y esperan a ser comprados, o lo que es lo mismo: anhelan llegar al paraíso de la mano de sus dioses, los humanos. Viven por y para adorarlos, les dedican cánticos y reprimen sus deseos carnales con tal de no someterse a su furia. ¿Nos suena un poco la historia, verdad?
Entonces nos encontramos con la salchicha Frank y el bollito Brenda, que aguardan el momento de ser escogidos para poder consumar su amor. Sin embargo, ansiosos con la idea, se tocan las puntitas antes de ser escogidos.
Cuando la compradora les mete en el carrito, les acompañan en su viaje nuevos productos. Entre ellos, un pan de pita (Israel) y un baggel (Palestina), que no pueden ni verse debido a sus diferencias religiosas. Por supuesto, sin olvidarnos del malo de la película: una ducha vaginal (que sí, existen).
Inesperadamente, ocurre un altercado entre los alimentos y no logran salir del supermercado. Brenda está convencida de que es un castigo de los humanos por haber sucumbido a sus deseos. Sin embargo, empieza a generarse el rumor de que los alabados dioses son unos asesinos. Entonces, Frank decide descubrir toda la verdad luchando a contracorriente con los demás, cegados por su fe. Y es que al final esa es la cuestión: ¿es mejor vivir en la ignorancia que nos hace felices o, por el contrario, aceptar la existencia de un final catastrófico?
Pues bien, diría que la verdad puede ser mala, pero también liberadora. Ese es, sin duda, el mensaje clave de la película. ¿Es una burla a la religión? Claramente sí, pero desde luego no se trata de un ataque sin fundamentos, sino que se centra en criticar lo más negativo de ella: la división, el odio y la represión que genera.
En otras palabras, ‘La fiesta de las salchichas’ quiere desprenderse de toda barrera moral que atente contra el amor libre, que al fin y al cabo solo podremos aprovechar en esta vida. Realza la necesidad de tolerancia, respetar la ideología del otro y no restringir nuestras propias libertades.
Sin duda, se trata de una película que no dejará indiferente a nadie. Recomiendo totalmente verla, y que cada uno saque sus propias conclusiones.

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