¿Qué es la posmodernidad? El problema de la identidad (4)

El problema de la identidad.

La postmodernidad puede parecer liberadora a simple vista pero contiene una trampa; La indefinición. La falta de horizontes.
El fascismo y el comunismo soviético hirieron el concepto de progreso con sus millones de muertos pero tenían algo que la postmodernidad no reconoce. Un sentido teleológico, es decir, un fin al que llegar. El sentido de comunidad se ha desvirtuado a favor de un individualismo radical, el relativista y la pura subjetividad. Puesto que nada es cierto y todo está permitido, depende de nosotros construir nuestra propia visión del mundo. El individualismo no es malo en sí mismo, al contrario. Supone reconocer la propia identidad y defender la libertad individual. Pero en los tiempos postmodernos es casi imposible definirse. Sus ideas relativistas nos dicen que cada persona es un mundo. Vale, de acuerdo. Pero ¿Qué mundo? Es algo que nos animan a descubrir por nosotros mismos y así cada decisión y cada idea forman parte de una pequeña cosmovisión perecedera. El humano moderno comprende su vida a partir de una narrativa superior que le da sentido y objetivo a su existencia. El humano postmoderno duda de Dios, de la modernidad y de todas las estructuras y reglas. Gilles Deleuze, filósofo francés dice; “¡ Haced rizoma y no raíz, no plantéis nunca! ¡No sembréis, horadad! (…) ¡ No seáis ni uno ni múltiple, sed multiplicidad! ¡ Sed rápidos, incluso sin movernos! Línea de suerte, línea de cadera, línea de fuga.  ¡  No suscitéis un General en vosotros! Nada de ideas justas, justo una idea (Godard).”
Algunos gurúes del espiritualismo vienen a convencernos de que haya o no un camino, una autorealización egocéntrica que se manifiesta en frases motivaciones y libros de autoayuda y la Iglesia de la Cienciología.  La publicidad intenta convertir nuestra identidad en marca y logran que muchos se definan a través de los productos que consumen. Que si soy gamer, que si soy runner, que si Apple, que si Sony… Quieren convencernos de que la vida es una carrera que podemos ganar pero la experiencia de todos nosotros es la vida como un vértigo, un precipicio de azar carente de significado por mucho que nos empeñemos en pensar lo contrario.
Yo, al igual que usted, soy un humano postmoderno. Dudo de todos los discursos y no poseo idea de Dios, de patria y de progreso. Mi identidad es una multiplicidad. Soy una individualidad que se comporta de diferentes formas dependiendo de las circunstancias inmediatas que esté viviendo. Nuestra identidad es múltiple y confusa. Somos una mixtura de ideas y roles sin horizonte definido. No aspiramos ni a Dios ni a la Utopía. ¿Quien soy entonces?
Un ente postmoderno. Una multiplicidad de identidades sin función teleológica, descreído de las promesas de todo gran relato. El problema de las grandes narrativas de la religión y del progreso ha dejado su marca indeleble en nuestra cultura. Todas las promesas de estructura y horizonte han acabado derivando en sistemas totalitarios o dejaron tras de sí millones y millones de cadáveres. La posmodernidad quiere liberarnos del yugo pero por el camino nos ha reducido a individuos minúsculos, sin fe, sin ideología, sin conciencia de clase. El humano postmoderno está tan embelesado en el cielo de las multiplicidades que es incapaz de tocar tierra y hacer comunidad. Nuestros políticos han dejado de ser gente con visiones y horizontes, siendo sustituidos por meros administradores de capital, funcionarios probos y líderes nulos. Gracias a nuestra pasividad, el poder se fue desplazando hacia una élite económica corrupta que come como cáncer nuestras libertades. Paradójicamente nos encontramos ante una nueva supraestructura, cuyas reglas son tantas y tan complejas y contradictorias que no logramos entenderlas. Los interpretes de la palabra del supremo ya no son curas sino economistas en cuyas manos dejamos la interpretación de este caos. Y nosotros nos sentimos pequeños e indefensos y entregamos voluntariamente nuestra soberanía.

-Fidel Viseras Riego-

Bibliografía:

“¿Qué es la Ilustración?” I. Kant
“La paz perpetua” I. Kant
“Manifiesto Comunista” K. Marx y F. Engels
“Rizoma” G. Deleuze
“La condición postmoderna” J. F. Lyotard
“Vigilar y castigar” M. Foucault
“Eros y civilización” H. Marcuse
“Any Rand y los fundamentos morales del funcionalismo” G. Etxebarría
“La transfiguración del lugar común” Arthur C. Danto

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