PODEMOS – Parte 3 – Problemas y expectativas

— SERGIO VEGA —

Ahora bien, creo que hay varios problemas generales y concretos aún presentes. Hay que lidiar con dos rupturas generacionales, la de los sesenta y las de los noventa. En los 60 se vive un cambio generacional entre quienes habían vivido el horror de la guerra y los hijos de esa generación. En consecuencia, no había grandes movimientos políticos unificados, si no que las luchas se fragmentaron por diversos factores y a favor de diferentes ámbitos como la sexualidad, el ecologismo, el animalismo, etc. La ruptura de los 90 se trata de un cambio entre la preocupación política de la juventud y a una preocupación por la individualidad, el auge de los manuales de autoayuda, la autoperfección, etc.

El gran acierto de Podemos es dirigirse a la ciudadanía, ya que con el Estado de bienestar y los cambios político-económicos de la segunda mitad del siglo XX, el mapa de las clases sociales se ha desdibujado, las masas están despolitizadas y no hay conciencia de clase entre quienes más necesitan de ella. Ante la dinamización y diversificación de las ocupaciones laborales, una vía que podría tener buen resultado es la de abandonar momentáneamente la terminología marxista para dirigirse a la ciudadanía indignada y afectada por la crisis y las políticas neoliberales. Es en este punto, donde puede haber conflicto con la izquierda más o menos ortodoxa, por abandonar unos conceptos que siguen siendo de actualidad, en tanto que surgieron como respuesta y solución al capitalismo, y en la medida en que éste y la pauperización que produce, siguen vigentes.

La victoria histórica hasta el momento ha sido de la propaganda, los medios de comunicación y la sociedad de masas, occidentales y propios del capitalismo. Por lo que la controversia se sitúa en torno a alejarse de los presupuestos de izquierdas como respuesta a sociedad difusa y utilizar ciertos términos más generales y populistas de los que puede percibirse la influencia de los procesos políticos en Latinoamérica (el llamado por algunos <<socialismo del siglo XXI>>) y la mano de Monedero, Iglesias y Errejón. Para ir limando asperezas creo que deberían llevar a cabo una constante higienización de la imagen del movimiento, en el sentido de hacer explícitas las intenciones, no centrarse sólo en discurso general que podría suscribir cualquiera, sino atacar de raíz los problemas básicos del capitalismo con el cuidado de no asustar a la gente con terminología más directa; para ello tendrían que llevar a cabo una concreción mensual de los objetivos, intenciones y dejar que los círculos sean un espacio abierto para hacer debate con ideología más explícita.

Nada está escrito, habrá que ver cómo evoluciona el movimiento y cómo se va conformando,  cómo funciona en la parte electoral, qué respuesta da IU y si puede ser posible la convergencia, en cuyo caso sería una apuesta fuerte contra el bipartidismo; pero de lo contrario, la situación se tornaría muy controvertida y obtusa de cara a las próximas elecciones nacionales.

Y este enjambre de contradicciones es la práctica política, amigos. Habrá que estar atentos porque se avecinan tiempos convulsos y de cambio. Podemos, pero, ¿queremos?

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