Masacre en Pensilvania causa protestas contra la actual legislación sobre las armas de fuego

–Máximo Simancas– Cinco personas murieron y tres resultaron heridas en un tiroteo en Wilkinsburg, Pensilvania. La masacre se dio este 10 de marzo en un barrio residencial, y se reportó que las  víctimas estaban cenando en el jardín de sus casas cuando sucedió. El alcalde de esta localidad declaró que se puede hacer más para “detener esta violencia sin sentido”, en una clara alusión al control de armas.

El debate sobre las armas de fuego lleva ya años presente en este país y, como gran parte de las polémicas que allí se originan, ha acabado apareciendo en gran parte de los medios alrededor del mundo.

Aunque su origen data de mucho antes, podemos convenir en que esta polémica se reavivó con la masacre de Columbine. Esta tragedia, acaecida en el año 1999, en la que dos adolescentes armados con una carabina, dos escopetas y una semiautomática asesinaron a doce personas e hirieron a veinticuatro, supuso un trauma para los Estados Unidos y para esto del mundo. Estos tiroteos, que se han incrementado desde entonces, son en parte consecuencia de la posibilidad legal de conseguir armas y munición.

Esta relación entre la permisividad con las armas y el aumento con la violencia ha sido la causa de que la legislación sobre este producto sea uno de los punto clave de las elecciones estadounidenses. La aspirante a candidata demócrata Hillary Clinton, siguiendo los pasos de su predecesor, ha prometido limitar su legalidad. Por su lado, los aspirantes a candidatos republicanos han mostrado su rechazo a estas medidas. Entre ellos destaca el polémico Donald Trump, que ya aseguró a sus electores potenciales en octubre de 2015 que Obama estaba planeando firmar una orden ejecutiva para “quitaros vuestras pistolas.”

Los argumentos que los defensores de estas medidas reguladoras esgrimen son muchos: señalan que casi cualquier persona puede hacerse con un arma en ese país por un control deficiente en el acceso a ellas, y que esto provoca que gente desequilibrada acabe cometiendo masacres. Asimismo, arguyen que la única razón por la que no se ha establecido todavía una regulación más severa es por la presión del lobby armamentístico que, según el presidente Barack Obama, “puede paralizar el Congreso.” Si bien es cierto que una parte del electorado está a favor de que la ley se mantenga tal como está, no se puede negar que la venta de armamento es uno de los negocios más lucrativos del mundo. Precisamente, desde cadenas como la CNN se ha señalado que este negocio perjudica a México, país en el que los narcotraficantes compran productos como ametralladoras o pistolas de Estados Unidos, y que un control más estricto sobre estas reduciría estas transacciones.

Por otra parte, los defensores de la Segunda Enmienda, que garantiza la libertad para portar armas, tienen sus propios argumentos. En primer lugar, muchos de ellos sostienen que la posibilidad de ir armado supone una capacidad de autodefensa en caso de que la seguridad estatal fracase. Esta concepción de la libertad individual y la independencia es muy fuerte en Estados Unidos, donde existe una mayor desconfianza al sector público que en gran parte del mundo. Además, se sostiene que el control de armas no tiene por qué hacer que la violencia disminuya, ya que se trataría de un problema cultural. Por ejemplo, se ha argumentado que, en México, unas leyes más restrictivas no garantizan una mayor seguridad y que estas masacres también pueden darse en países en los que tener armas es ilegal. Encontramos un caso reciente en Ávila, donde ha habido dos tiroteos en tres días, a pesar de que España tiene un estricto control de armamento.

Independientemente de la postura de cada uno, es evidente que hay intereses en ambos bandos y que ninguno duda en utilizar políticamente un tema tan serio cuya mala gestión puede provocar víctimas.

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