Liberalismo contra socialismo

-Pedro Aguado-

Las dos doctrinas que han dominado el debate público durante décadas han sido el liberalismo y el socialismo, tanto en lo económico como en lo social. Ambos pensamientos han estado situados en polos opuestos, siendo antagónicos el uno del otro. Las características de estas dos filosofías son, sin lugar a dudas, radicales. Y cuando digo radicales, no me refiero a agresivas o violentas, sino a que no se sitúan en la moderación, el punto medio. Sería erróneo pensar que lo radical es negativo y que “la virtud está en el punto medio”, tal y como dijo Aristóteles, ya que a veces quedarse en medio, sin una cosa ni la otra, puede llevarte a coger las cosas más nocivas de las radicales.
El liberalismo es una corriente de pensamiento cuyo valor primordial es la libertad del cada individuo para desarrollar sus propios proyectos vitales respetando por encima de todo ese idéntico derecho en los demás individuos. Es un sistema político que resuelve el problema de la convivencia humana acotando un marco normativo mínimo con el fin de conseguir la coexistencia pacífica entre personas. Por otro lado, el socialismo es un sistema de organización basado en la colectivización, la coacción por parte del Estado, la apropiación de los medios de producción y distribución de los bienes. Creen que la competencia es injusta y se empeñan en la búsqueda de la igualdad social en lo económico.
Para mí, la gran diferencia es una: el socialismo siempre ha creado pobreza. Siempre. Y cuando hablo de socialismo que nadie se confunda con el PSOE, que es socialdemócrata (uno de esos puntos medios). Si nos fijamos en hechos fehacientes y no en las habladurías de los políticos, entre los diez países más ricos del mundo según el Banco Mundial y el FMI (fuentes poco sospechosas de liberales) se encuentran: Singapur, Suiza, Emiratos Árabes o Hong Kong. Estos, por casualidad, se encuentran en la cabeza de los países donde existe más libertad económica del mundo según el índice de Libertad económica. Sin embargo, el socialismo ha fracasado allí por donde ha pasado. Los ejemplos más actuales claros son Cuba y Venezuela. En 1980, Singapur y Venezuela tenían el mismo PIB per cápita, pero en 2013 el de Singapur se había multiplicado por 11 mientras el de Venezuela por 3. Teniendo en cuenta cómo ha aumentado la riqueza mundial en los últimos 40 años, el leve crecimiento de Venezuela se podría considerar decrecimiento.
Si nos damos cuenta, el socialismo siempre se ha basado en una mezcla de populismo y maniqueísmo. Un líder emblemático, carismático, prestigioso socialmente y que dice lo que la gente quiere escuchar, frente al mal. El mal, como siempre, es la libertad, representada históricamente por los Estados Unidos, unos malvados imperialistas que promueven el capitalismo salvaje. Por ello mismo, lo más aconsejable no dejarse llevar por los cantos de sirena, cometidos tanto por izquierda como derecha, y centrarse más en la libertad de la gente.

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