Las igualadas elecciones estadounidenses mantienen al mundo en vilo

-Pilar Gil Blanco-

El próximo martes 8 de noviembre saldremos de dudas y sabremos por fin cuál de los dos candidatos a la presidencia del país más influyente del mundo se establecerá en la Casa Blanca.

La elección del presidente de los Estados Unidos es llevada a cabo Estado por Estado. No se trata de ver quién consigue más votos en el conjunto de EEUU, sino de lograr una mayoría de los representantes que les corresponden a los Estados en el llamado Colegio Electoral. Así, cada Estado tiene un número de representantes proporcional a su población. El Colegio Electoral está formado por 538 miembros y para ganar la elección son necesarios 270 votos electorales.

Tras una larga campaña electoral, una victoria del republicano Donald Trump, el magnate inmobiliario, un novato de la política que ha sabido conectar con el malestar de la clase trabajadora blanca, significaría la entrada en la sala de mandos de la primera potencia mundial. Se establecería como cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos.                  Sin embargo, su campaña se ha visto afectada por varios escándalos en los que se encuentra involucrado el presidente.

Una victoria de la demócrata Hillary Clinton la convertiría en la primera presidenta de Estados Unidos, una veterana de la política, daría claves sobre la manera de responder a los movimientos que cuestionan el sistema. La campaña de Clinton también se ha visto afectada, ya que se encuentra bajo investigación federal.

La política plural que defiende Clinton con el lema Stronger together (juntos más fuertes), se enfrenta al nacionalismo de un Donald Trump que proclama America first (Estados Unidos primero) y que ha recibido el apoyo del Ku Klux Klan.

Desde un punto de vista del interés global, está en juego la lucha contra el cambio climático debido a que Estados Unidos es el principal emisor de gases con efecto invernadero. Hillary Clinton ha prometido mantener las políticas de Obama, que ha liderado la firma del acuerdo del Clima de París y ha apostado decididamente por las energías renovables frente al carbón. Donald Trump, en cambio, ha prometido desentenderse del resto del planeta, desvincularse del acuerdo de París y “salvar la industria del carbón”.

En cuanto a la política comercial, Clinton es partidaria de la apertura de los mercados, mientras que Trump, defiende todo lo contrario apostando por el proteccionismo. Las medidas republicanas tendrían un impacto descomunalmente negativo para la economía mundial.

Ninguno de los dos candidatos se ha centrado en la política interior, sino que le han dado mayor importancia a proclamar los defectos del rival.

La medida de Trump de deportar masivamente a los once millones de inmigrantes indocumentados y de construir un muro a lo largo de la frontera con México ha alarmado a la población estadounidense. La posición defendida por Hillary Clinton es continuar con la reforma que ha intentado llevar a cabo Obama: buscar un camino a la ciudadanía para al menos cinco millones de inmigrantes sin papeles con parientes regularizados.

La diferencia en el promedio de sondeos nacionales es de solamente un 1,8% a favor de Clinton pero con la tendencia en su contra. La batalla se decide en los Estados de Florida, Carolina del Norte, Ohio, Nevada, Pensilvania y Colorado, en los que Trump necesita mayoría para establecerse en la Casa Blanca.

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