La Predicción De Un Siglo

—Pablo Almodóvar—

“Señoras y señores, hemos detectado las ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido”, son las palabras que han dejado asombrado al mundo de la ciencia universal y que fueron pronunciadas por David Reitze, director ejecutivo de LIGO (Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales), en una rueda de prensa convocada en Washington el pasado jueves, día 11 de febrero. Con este descubrimiento se verifican por completo todas las grandes predicciones del cerebro del siglo XX, Albert Einstein, ya que esta era la última que quedaba por comprobar.

Las ondas gravitacionales son vibraciones en el espacio-tiempo, el material del que está hecho el universo. Este descubrimiento ha asignado a estas ondas una cierta similitud en su propagación y composición a la del sonido -de hecho, algunas frecuencias de ondas se pueden escuchar-, sin embargo, se cree que viajan a la velocidad de la luz y modifican el universo: a su paso pueden llegar a variar de forma leve las distancias entre astros, intensificándose conforme su aproximación a sus fuentes (por ejemplo, la fusión de dos agujeros negros).

Este fenómeno resulta de un carácter de explicación compleja, pero imaginemos un folio sobre el que hay dibujados dos puntos: el punto A y el B. Según nuestro pensamiento, la manera más corta de unir el punto A con el B es una línea recta que llegue desde A hasta B. No obstante, esa no es la manera más corta, rápida ni efectiva y tampoco lo es mediante ninguna otra línea que describa alguna curva ni nada por el estilo. La manera más fácil es doblando el papel, de tal manera que el punto A se junte con el B. Extrapolando esto, ocurre lo mismo con el universo: el universo es el folio y A y B son dos puntos cualesquiera de él. Es una de las explicaciones más sencillas que existen para describir estos fenómenos del universo tan difíciles de entender. Por esta razón, mencionamos que con su paso modifican las distancias entre astros.

Según Einstein y su teoría de la relatividad, existen objetos tan sumamente grandes que al colisionar transforman gran parte de su masa en energía y se transmite en forma de ondas que viajan a la velocidad de la luz deformando el espacio y el tiempo. Todo esto lo predijo justamente hace 100 años, en 1916. Acertó en todo, salvo que, según él, estas ondas no podrían ser percibidas desde la Tierra debido a la cantidad de años luz de distancia a las que se encontraban sus fuentes.

Los responsables de este descubrimiento es el grupo de investigación citado anteriormente, LIGO, formado por mil personas utilizaron el instrumento óptico más grande del mundo que, resumidamente, cuenta con dos detectores de onda, dos fuentes de luz láser, separados por una distancia de 3.000 kilómetros, que permiten captar las perturbaciones de una onda gravitacional. La primera captación se produjo el día 14 de septiembre del año pasado, desde entonces se ha simulado mediante superordenadores lo que se cree que había sido el origen de esas fuentes y se ha comparado con las ondas recibidas. Según Sascha Husa, investigador de la Universitat Illes Ballears y desarrollador de las simulaciones, este procedimiento de comparación es similar en menor escala con un sistema parecido al que utiliza por ejemplo la famosa app de móvil Shazam: captar las ondas de sonido, a pesar del ruido exterior, y compararlas con otras frecuencias de ondas hasta dar con la correcta que corresponde con una canción, un artista y un álbum. Con este mecanismo informático, se ha conseguido establecer un origen y un momento de la causa: el choque de dos agujeros negros hace 1.300 millones de años. Este evento produjo la transformación de masa en energía -una cantidad equivalente a la de tres masas solares- y la liberación de esta última en forma de ondas gravitacionales en una porción de segundo, siguiendo de tal forma la ecuación más famosa del mundo: E=mc2 (la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado), de Albert Einstein.

Este descubrimiento da paso a una nueva etapa en la historia de la ciencia, una nueva forma de estudiar y explorar el universo y un nuevo reto para la Astronomía y la Física. Hasta ahora solo se había podido descifrar el 5% del universo, lo correspondiente a la luz en todas sus longitudes de ondas. Las ondas gravitacionales abren la puerta a una forma de ver el universo distinta, que permitirá ver más allá de ese mínimo porcentaje, cosas que antes no se podían ver y ahora sí, miles de astros, fenómenos y materia oscura nos esperan en los próximos años. Hay material para seguir estudiando muchos años más y es un claro ejemplo de que la ciencia y la investigación nunca terminan ni terminarán. Esperemos que muchas de las incógnitas del universo y de la vida encuentren por fin la clave para ser descifradas, ¿o mejor esperar que no?

“Cuanto más sabemos, menos entendemos” – Albert Einstein.

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