La huella imborrable de Facebook

–Andrea García García– Las redes  sociales han calado hondo en la sociedad actual. Tanto es así que los ciudadanos están conectados desde que amanecen hasta que se acuestan. Los dispositivos electrónicos, pero sobre todo las redes sociales se han convertido en el sustento vital de la mayoría de las personas. Este vínculo desemboca en que más de la mitad de los usuarios de Internet utiliza las redes sociales, concretamente el 58% de estos.

Con el transcurso del tiempo los internautas han pasado de disfrutar de los momentos y las experiencias junto con las personas más cercanas a sentir la necesidad de compartir al instante con el resto de seguidores todo aquello que realizan o sienten. Ello ha desembocado en un paradójico fenómeno en constante in crescendo: desconexión de lo real y conexión con lo virtual.

Lo que muchos usuarios no tienen en cuenta es que a la hora de darse de alta en una red social, todos los datos son cedidos al servicio en el que se registran. No solo eso, sino que puede haber ocasiones en las que el usuario se dé de baja, y los datos y contenidos sigan permaneciendo en la red.

Este es el caso de Facebook, la red social que contaba en julio de 2015 con 1650 millones de usuarios registrados. El proyecto de Mark Zuckerberg  es muy sencillo de utilizar, sin embargo, con lo que no estamos familiarizados es con las condiciones de servicio, política de datos o el uso de cookies que aceptamos al unirnos.

Al darse de alta en esta red aceptamos que pueda utilizar el contenido que compartimos a través de ella, incluso cuando lo hemos eliminado. Además permitimos que vendan nuestro nombre, imágenes e información a terceros con fines comerciales.

En cuanto a la política de datos puedes salir de la red social pero la única manera de que se borren todos los datos de los usuarios será mediante la eliminación una a una de todas las imágenes, vídeos o publicaciones, y aún así Facebook podrá mantenerlas durante un tiempo.

Entonces, ¿no podemos desprendernos por completo de nuestro perfil ni tan siquiera cuando fallecemos? En los últimos años y debido a la expansión de los medios digitales el derecho al olvido ha adquirido una gran importancia.

El  Código del Derecho al Olvido publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) lo define como “el derecho a salvaguardar la reputación, o procurar la tranquilidad de las personas, desligándolas de acontecimientos que les afecten”.

Asimismo, la Constitución Española, en su artículo 18, dispone que “la Ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos” y, en su artículo 20.4, “que las libertades de expresión e información tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen”.

El derecho al olvido no es una moda de los tiempos que vivimos. Ya en 1980 Samuel D. Warren y Louis D. Brandeis publicaron un artículo en relación con la privacidad de los consumidores donde exponían “que el individuo debería tener protección de su persona y sus propiedades” y que “la Ley debe crecer para satisfacer las nuevas demandas de la sociedad”.

Hoy en día los ciudadanos se ven afectados por la eliminación o el bloqueo de datos en internet, la puesta en conocimiento de sus antecedentes o las publicaciones realizadas en sus respectivas redes sociales cuando eran jóvenes. Lo que muchos demandan es el derecho a ser olvidados, a eliminar su rastro, a que les dejen en paz.

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