LA CRÍTICA DE LA ÚLTIMA FILA – 12 años de esclavitud

— FERNANDO CRISTINA —

Título: 12 años de esclavitud (“12 Years A Slave”)

País: Reino Unido1

Director: Steve McQueen

Guión: John Ridley, sobre una autobiografía de Solomon Northup

Fotografía: Sean Bobbitt

Música: Hans Zimmer

Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt, Dwight Henry

Duración: 133 minutos

*Mala **Floja ***Entretenida ****Recomendable *****Imprescindible

La candidata al Óscar a la mejor película más justa y clara de los últimos tiempos, ni más ni menos. Una impresionante película de Steve McQueen, que otrora pecaba de excesivamente denso, moroso, provocador y –por qué no decirlo- poco comprometido con el fondo pese a las expectativas que generaban sus obras. A la tercera, como quien dice, va la vencida. Y es que este peculiar director, que contaba hasta el presente de una escasa filmografía de tan sólo dos filmes (“Hunger”, 2008; y “Shame”, 2011) ha cambiado totalmente su manera de hacer cine, alcanzando con “12 años de esclavitud” una madurez casi total, pues ha conseguido una creación casi imposible de hacer: profundamente humanista, pero nada mojigata.

Siendo justos, a la película le cuesta encontrar su tono, y el comienzo y el desenlace son un tanto dubitativos. Pero el grueso de la película regala momentos únicos, que conviene no referenciar porque evidentemente han de ser disfrutados sin anticipos ni contaminaciones por quien se acerca a ellos por vez primera.

McQueen ha mejorado mucho su relación con la música, no ya por la competente banda sonora del siempre solvente Hans Zimmer (“Piratas del Caribe”, “Origen”, “El Llanero Solitario”, “El Caballero Ouscuro”, “El Hombre de Acero” o “Amor a quemarropa”), sino por las canciones interpretadas por los esclavos y esclavistas, y la música de violín interpretada por el protagonista. Qué lejanos parece aquellos interminables cinco minutos de canción de la pobre Carey Mulligan en “Shame”.

Y relacionado con esto, esta película no abusa de silencios y planos largos impostados, sino que McQueen ha conseguido un lenguaje mucho más directo y universal.  Esto quiere decir -¡sorpresa!- que es una película muy rica en contenidos (con situaciones muy poco vistas en el cine que trata de este tema, si no nunca en muchos casos) y oscarizable, gracias a que el realizador -y los productores, claro- han optado por un estilo narrativo “comercial” (es casi doloroso usar este término, peyorativo ciertamente, para referirse a una obra de tanta calidad artística). Esta película puede gustar a mucha gente. Es más, va a gustar a mucha gente.

No queda sino concluir mencionando la excelsa labor del reparto (señor McQueen, sabe usted sacar petróleo de Michael Fassbender, y mucho más por supuesto), con un genial protagonista y la poderosísima presencia de Lupita Nyong’o -¿de dónde ha salido esta chica?-. Incluso Brad Pitt, que con toda probabilidad encarne al personaje más flojo, tiene su punto y es totalmente necesario.

Ojala le den el Óscar. Ojala, y no solo uno.

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