John Elliott presenta su nuevo libro «Escoceses y catalanes. Unión y Discordia» en la UCM

– Juán Cordón-

John Elliott, uno de los mejores hispanistas que han analizado el Imperio Español de los siglos XVI y XVII, ha contribuido con sus estudios durante este período al mejor conocimiento de la Edad Moderna en general y la Monarquía Hispánica en particular.

Su objetivo siempre ha sido desmitificar la Historia de España, superando las ideas estereotipadas, que según su opinión están resurgiendo actualmente, y demostrar que la historia de España es una historia europea. Por este motivo vino a presentarnos su último libro «Escoceses y catalanes. Unión y discordia» (2018) a la Facultad de Geografía e Historia de la UCM, donde da una visión comparativa entre el nacionalismo catalán y el escocés.

Aunque se centró en muchos aspectos históricos, nos explicó con gran detalle que Escocia y Cataluña son naciones sin estado, es decir, que fueron anexionadas en un momento de su historia a unidades políticas superiores: en el caso de Escocia fue Inglaterra y Cataluña a Castilla, formando lo que se conoce como Estados o monarquías compuestas (concepto que rompe con la tradicional visión del Estado-nación moderno)  y que ambas regiones han atravesado momentos de convergencia (unión) y divergencia (desunión) dependiendo de la cultura y del momento histórico donde se situarían.

Según John Elliott, la naturaleza de ambos nacionalismos depende del momento histórico en el que se anexionan a las unidades políticas mayores, para Cataluña el 1469 y para Escocia, 1603. Esta diferencia de casi 200 años será sin duda algo que marque por completo el desarrollo nacionalista en ambas regiones, ya que Cataluña gozará de un gran nivel de autonomía en estos primeros momentos, cosa que Escocia no tendrá.

A partir de aquí, y sobre todo a lo largo del siglo XVII y XVIII, las tensiones empezarán siendo algo frecuente, en Cataluña con la llegada de la dinastía Borbón en 1700 y la pérdida de fueros en 1714 con los Decretos de Nueva Planta y en Escocia con las revueltas entre 1715 y 1745. Después, durante el XIX, el desarrollo será completamente distinto: mientras que en Escocia se daba una defensa de la política imperialista de Gran Bretaña, España se convertía en una ex-potencia ocupada por Napoleón que pierde gran parte de sus colonias americanas. Esto provocó el surgimiento de un nacionalismo dual: se sentían orgullosos de participar en el proyecto imperial, pero al mismo tiempo mantenían su identidad escocesa. En Cataluña también se dio esto, pero no estuvo reforzado por la situación sociopolítica del momento

También afectó la situación política de ambos países, ya que desde Inglaterra no se podía comprender el bombardeo de Barcelona en 1842 debido a las grandes tensiones entre Madrid (la capital económica) y Barcelona (la capital económica). Esto provocó que el nacionalismo cultural, muy afianzado y asertivo, se transformara en un nacionalismo político con la creación de la Lliga, reforzado por el anterior.

Con la I Guerra Mundial vemos que mientras ingleses y escoceses lucharon juntos, los españoles no (al ser neutrales), por lo que se generaron divisiones nacionales. Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil y la posterior desaparición de la democracia por la dictadura, se da un ambiente sofocante vivido por Elliott en los años 50, con el uso del catalán muy restringido. Con la muerte de Franco y la vuelta a la democracia, el nacionalismo catalán y vasco resurgió, otorgándoles en el año 1979 el Estatuto de Autonomía, amparado por la Constitución de 1978 que defendía la pluralidad de España. Tras las elecciones, saldrá elegido Jordi Pujol president de la Generalitat durante 23 años. Durante este período de presidencia de Pujol, se dio un proceso de catalanización, con una exposición de los catalanes como víctimas.

También en los años 80, Escocia planteará algo parecido en Westminster. Desde que se descubrieron los depósitos de petróleo en el mar del Norte, Escocia podía gozar de la independencia, pero la política de Margaret Thatcher tuvo un gran impacto en la economía tradicional escocesa. Fue a partir de los 80 cuando todo cambia: consiguen una asamblea legislativa propia y en 2011 forman un gobierno con mayoría. El primer ministro Cameron en ese momento convoca un referéndum (cosa que en España no se puede hacer por nuestra Constitución), cuyo efecto es tal que se consigue revitalizar el nacionalismo de línea dura.

Desde los últimos 50 años, estos movimientos no han estado aislados, sino que se enfrentan a la globalización, un electorado mejor informado y el cuestionamiento de las tradiciones. Pese a todos estos aspectos los defensores de la independencia no han logrado todavía la mayoría del electorado en ninguna de estas regiones.

Siguiendo al autor, “todas las naciones necesitan narraciones y mitos para dar un relato coherente de lo que son, pero también necesitan historiadores que examinen esos mitos con la luz de las evidencias. Tanto Cataluña como Escocia se enfrentan a grandes problemas, pero los ecos del pasado no pueden condicionar ni el presente ni el futuro”

 

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