Feliz año, hacienda

-Pedro Aguado Ruíz-

Como viene siendo habitual, este nuevo año empezaba de la mejor forma posible para los socialistas españoles, es decir, con una nueva subida de impuestos. Y cuando digo socialistas no me refiero a los simpatizantes del PSOE, sino a todas aquellas personas que piensan que el Estado y esta nueva política «socialdemócrata» nos va a sacar de la crisis como Irlanda consiguió hacerlo en tres años con medidas liberales.

Exactamente el viernes dos de diciembre el Consejo de Ministros aprobó una nueva subida de impuestos en la que se incluía un plan de lucha contra el fraude en el IVA, una reforma del impuesto de sociedades, un retoque de algunos impuestos especiales y la aplicación de una tasa a las bebidas refrescantes carbonatadas. Para colmo, nuestro liberal ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se ríe de nosotros diciendo: «No estamos incumpliendo nuestras promesas. No se los subimos ni la las familias ni a las Pymes». Se ve que los refrescos son cosa de multimillonarios y la clase media bebe agua de los pozos.

De esta forma, vemos cómo en este nuevo año el contribuyente deberá soportar una vez más los despilfarros de nuestros amados políticos, utilizando como excusa ese peligroso pacto neoliberal firmado entre PP y CS, en el cual PSOE y Podemos se negaron a participar al no considerarlo suficientemente socialdemócrata. La previsión sería para aumentar la sobredimensión de las arcas públicas en unos 7.500 millones de euros. Otro de los argumentos utilizados por los responsables populares es que el propósito de subirle los impuestos a las bebidas azucaradas, a parte del mero recaudatorio, era reducir la obesidad, así como otros tipos de consecuencias asumidas de forma plenamente voluntaria por sus consumidores. Por esta regla de tres, sería válido decir que las cotizaciones sociales, que son impuestos al trabajo que de ningún modo el cotizante puede disponer libremente, existen para reducir el trabajo, es decir, asumir que el trabajo es algo perjudicial y que es preferible reducirlo. También mencionan que lo hacen porque es necesario cuadrar el déficit, y el déficit hay que cuadrarlo y reducirlo a cero, pero la manera de hacerlo no es aumentando impuestos, es reduciendo el gasto. Sí, reducir el gasto público no es pecado. Se está permitido, y no solo en 16.000 millones, que en comparación con todo lo que ha subido en los último 10-15 años son solo propinillas.

Por todo ello, por mucho que haya llegado a España la nueva política y el PSOE haya dejado gobernar al PP bajo su supervisión, lo que nos espera es más de lo mismo. PSOE Y PP se han puesto siempre de acuerdo en cosas que perfectamente Podemos y Ciudadanos firmarían sin problema. Tanto antes de las primeras elecciones de 2015 como después de la investidura de Rajoy. Tal es así que el PP, en uno de esos ejercicios de neoliberalismo salvaje, junto al PSOE subiól salario mínimo interprofesional casi sin pestañear. Y no solo en esta legislatura se pusieron de acuerdo, sino que durante la crisis tanto socialistas como populares coincidieron en reducir la capacidad adquisitiva de los ciudadanos con subidas del IRPF, IVA, Sociedades, IBI, especiales, etc.

No solo le tocó la lotería a Hacienda el 22 de diciembre y el 6 de enero, sino también durante todo este nuevo año en el que, sin lugar a dudas, seguiremos sufriendo los recortes en nuestros salarios.

 

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