Falcon Heavy, ¿El Futuro De Los Viajes Espaciales?

-Gonzalo Pazos- El pasado martes 6 de febrero tuvo lugar el lanzamiento del cohete Falcon Heavy, construido por la empresa aeroespacial del magnate tecnológico Elon Musk, SpaceX. El publico medio podría llegar a preguntarse por que ha causado tanta expectación el lanzamiento de otra nave espacial en estados unidos, pues bien, he aquí algunas respuestas.

En primer lugar, con sus 110 metros de altura, el Falcon Heavy es el cohete más potente jamás creado, soportando una carga máxima de 64 toneladas de peso, lo cual, de cara a los viajes espaciales (turismo espacial) o a un posible viaje sin retorno de la humanidad a Marte es una característica fundamental. Consigue esto gracias a sus 27 motores distribuidos entre las tres unidades centrales del cohete, que además son increíblemente eficientes: 90 millones de dólares por despegue (parece caro, pero compárese esta cifra con los exorbitantes 400 millones que supone el lanzamiento de un cohete similar, el Delta IV Heavy).

Por si fuera poco, Musk ha ido más allá en la búsqueda de un vehículo espacial “ecofriendly”, pues todas las unidades propulsoras del Falcon son potencialmente reutilizables. Digo “potencialmente” porque, si bien es cierto que las unidades laterales aterrizaron de manera exitosa, la unidad central erró y acabó sumergida en el Atlántico. Este pequeño fracaso no supone gran cosa teniendo en cuenta que desde SpaceX aspiraban tan solo a alejar el Falcon lo suficiente de la Tierra para que su más que probable explosión no causara daños. En vez de esto, el lanzamiento fue un éxito rotundo y la unidad central se hundió a escasos 90 metros de la plataforma de aterrizaje, que era nada más y nada menos que un dron gigantesco flotando en medio del océano. Futurista a más no poder.

En cuanto a la carga de la cápsula, Elon Musk optó por mandar al espacio un Tesla Roadster rojo que viajará a 11 kilómetros por segundo a través de nuestra galaxia. Para añadir epicidad a la proeza, en el interior del coche hay un maniquí vestido de astronauta al que bautizaron Starman, y la canción Space Oddity de David Bowie suena a toda potencia y en un bucle infinito. ¿Se puede molar más? La respuesta es, por supuesto, no.

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