España suspende el examen de Montesquieu

-Felipe Palomino Moraleda-

Como una brisa de aire fresco, entró hace unos meses en nuestras vidas la “nueva política”. Los aires de regeneración democrática se respiran día a día por las calles.

Tras la primera investidura fallida, aseguraba Mariano Rajoy que urgía tener un gobierno en España para aprobar los presupuestos, pidiendo así su apoyo a Ciudadanos y PSOE. Finalmente, tras las disputas internas del PSOE y el acuerdo –“lentejas” como diría Martínez Maíllo- con Ciudadanos, Mariano Rajoy sale investido presidente del Gobierno. Transcurridos cinco meses, los PGE que tanto urgían en octubre, parece que ya no son tan prioritarios.

El “acuerdo” firmado entre PP y Ciudadanos se ha guardado en el último cajón de las cloacas del Estado y no parece que vaya a salir en mucho tiempo. Es curioso, cuanto menos, que Ciudadanos, -partido con el que el PP pactó ciento cincuenta medidas- se ha visto relegado a un papel prácticamente irrelevante. Simultáneamente, el PSOE, -partido que se fracturó para votar la famosa abstención en la investidura de Rajoy- se ha convertido en el principal socio del PP ante la pasmosa mirada de Rivera e Iglesias.

La democracia, se sustenta -entre otros principios- en la separación de poderes. No creo que Montesquieu estuviera muy orgulloso de cómo la España de hoy ha plasmado su teoría. Las palabras de los dos últimos ministros de Justicia se las ha llevado el viento; “Hay que acabar con el obsceno espectáculo de que los políticos nombren a los jueces que pueden juzgar a esos políticos” aseguraba Ruiz-Gallardón; “Hay que despolitizar la Justicia y desjudicializar la política” afirmaba Catalá.

Objetivo cumplido, con los aires de regeneración, llegan más pactos PP-PSOE para seguir nombrando cargos, cada día más afines –si se puede- a sus partidos; ya sean vocales o magistrados; en el Tribunal Supremo o el Consejo General del Poder Judicial.

El último ejemplo lo encontramos en el Tribunal Constitucional, que con la renovación de cuatro de los doce cargos, PP y PSOE han aprovechado para repartírselos a partes iguales, con caras conocidas. Por un lado, Cándido Conde-Pumpido, nombrado a propuesta del PSOE en los cargos de mayor importancia – Fiscal General del Estado con Zapatero y magistrado del Tribunal Supremo, entre otros- , reconocido por su célebre frase sobre la actuación de la Fiscalía con respecto a la Banda terrorista ETA, dice así: “El vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino” y vaya que no lo eludió. Por otro lado, para seguir con la línea de fidelidad a los partidos, nos encontramos con el nombre de Andrés Ollero, que fue 17 años diputado del PP.

Visto lo visto, de regeneración democrática nada. De esperanza –si cabe- menos aún.

El C.M.U. Sta. María de Europa así como este medio no se hacen responsables de las opiniones de sus colegiales.

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