Ellos también merecen ser niños

-Cristina Salvat de la Fuente-

El otro día se celebraba el día internacional del niño, y seguro que más de uno sonrió al volver a esa etapa que más o menos olvidada siempre transmite felicidad. Y es que, ¿quién de mayor no quiso ser niño?

Volver a esas tarde de parque, la risa inocente, las siestas interminables, el dejar de pensar tanto por un momento. Ese día fue instaurado en 1959 para recodarnos a todos aquellos que tuvimos la suerte de tener infancia que no todos la tienen; que aún hay niños menos niños, niños que duermen con dolor de tripa por el hambre, niños que no pueden ir a la escuela por caminar para ir a buscar agua, niñas que, como nosotras, se visten de princesa pero ellas se casan, y de verdad. Niños que aparecen en la tele, pero aparecen llorando, aparecen llorando en el último hospital infantil de Alepo. Momentos después fue destruido con una bomba y, en esos instantes, uno se replantea la humanidad.

Los niños son el futuro, hay niños en Siria que solo han visto guerra, ellos no han tenido parque, ni sonrisa inocente, ni siestas tranquilas. Probablemente, tampoco han podido quejarse por madrugar para ir a la escuela porque las bombas no les dejan. Esos niños no querrán ser niños de mayores, no sonreirán al pensar en su infancia. Les han robado el derecho a la educación, el derecho a una familia, el derecho a una infancia, qué menos que dejarles lo único que les queda: el derecho a la vida. Esos niños merecen vivir un paseo sin misiles por la calle, vivir una tarde jugando al escondite en el parque, vivir lo que es ir a la escuela y que vengan tus padres a recogerte con la merienda.

Me sigo preguntando dónde quedó la humanidad de quien privó a esos niños de lo único que les podía regalar ese derecho, un hospital que les regalara vida cuando desalmados quisieran jugar con ella.

 

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