ELECCIONES UK 2019: LA VICTORIA DE JOHNSON Y LA LUZ VERDE AL BREXIT

-Félix Núñez- Tras unas elecciones en las que se esperaba una gran fragmentación del espectro político, triunfa el bipartidismo, con un clara victoria conservadora a costa de la debacle del Partido Laborista. La continuación con el Brexit que ello supone abre las viejas heridas de los secesionismos norirlandés y escocés, que han salido beneficiados en estos comicios.

  Este jueves, 12 de diciembre, se celebraron elecciones legislativas en Reino Unido para la Cámara de los Comunes (House of Commons, la Cámara Baja del Parlamento británico), que otorgaron la victoria por amplia mayoría a los tories (Partido Conservador) del actual Primer Ministro, Boris Johnson, quienes han obtenido 365 diputados (al haber 650 diputados en la Cámara de los Comunes, uno por distrito electoral, la mayoría absoluta requerida es de 326) y un 43’6% (el mejor resultado desde 1979, con Margaret Thatcher) de los votos, aunque realmente el incremento de los votantes con respecto a los comicios de 2017 fuera de 200.000 votos. Esta desproporción entre el elevado aumento de escaños (en las anteriores elecciones no llegaron a la mayoría absoluta) y el escaso incremento de votos se debe en mayor medida al sistema electoral británico, basado en el precepto the first past the post, de acuerdo con el cual el candidato que obtiene más votos que cualquiera de sus competidores por el escaño de un distrito electoral (en Reino Unido hay 650) se queda con ese escaño, y los demás no obtienen nada, aunque la diferencia de votos entre ellos sea mínima. Así pues, Boris Johnson ha sabido captar a los miles de votantes del partido laborista que votaron a favor del Brexit en 2016, a través de un programa electoral que, a pesar de su falta de precisión (promete aumentar de forma considerable los recursos de la sanidad pública, en respuesta a las acusaciones de querer privatizar el sector, pero sin medidas concretas), ha derivado sus diferentes propuestas hacia la cuestión del Brexit, siendo precisamente esa falta de concreción de sus medidas lo que le ha permitido atraer al suficiente número de votantes para obtener esta aplastante victoria. Además, esta voluntad de atraer al mayor número de votantes posible se manifiesta en el cambio tan repentino del eslogan de campaña del Partido Laborista, que en cuestión de días ha pasado de ser “Get Brexit Done!” (“¡Hagamos de una vez el Brexit!”) a “The People’s Government” (“El Gobierno del Pueblo”), así como la pretensión explícita de Johnson de que su partido sea la formación One Nation (término creado por Benjamin Disraeli, Primer Ministro conservador entre 1874 y 1880, para hacer referencia a un partido capaz de atraer a un electorado amplio e interclasista).

  Estos resultados han supuesto un alivio en las altas instancias de la Unión Europea, por el final de la incertidumbre acerca del Brexit, que ha impedido que el grupo de los Veintisiete se centre debidamente en otros asuntos como el cambio climático, puesto que la posición de Johnson es clara sobre la inminente salida de la Unión Europea por parte de Reino Unido para el 31 de enero de 2020, si bien se ha mostrado conciliador sobre los nuevos lazos comerciales y de diversa índole que deben darse a partir de ese momento entre ellos en un plano de “igualdad soberana”. En este sentido, ciertas voces se han mostrado desconfiadas acerca de esa nueva relación. Tal es el caso de Emmanuel Macron, que ha dejado constancia de su preocupación por la conversión del Reino Unido en un paraíso fiscal. De hecho, la situación es preocupante porque es necesario que hayan sido aprobadas las nuevas directrices sobre relaciones económicas y comerciales entre la Unión Europea y Reino Unido antes del 31 de diciembre de 2019, ante lo cual se espera una solicitud de ampliación del plazo por parte de Johnson hasta el 30 de junio, aunque no es seguro. De momento, sin embargo, la Bolsa de Londres ha subido un 1’1% ante el alivio de la incertidumbre que ha generado la victoria electoral de Johnson, y la libra esterlina se ha apreciado un 2’7% con respecto del dólar.

  Sin embargo, el verdadero trampolín a la victoria de Johnson ha sido la grave derrota del Partido Laborista, que ha conseguido 203 diputados, 59 menos que en las elecciones de 2017, y que ha perdido 2’6 millones de votos con respecto de dichas elecciones. Se trata de la mayor debacle electoral del partido desde 1935, que lleva nueve años en la oposición y, con éste, cinco comicios perdidos. Tan grave pérdida se debe al cambio de signo en el voto de tradicionales feudos laboristas, sobre todo en el centro y norte de Inglaterra, y en el norte de Gales (la llamada “muralla roja”), zonas históricamente obreras, que en el referéndum de 2016 apoyaron la salida de Reino Unido del grupo de “los Veintiocho” (ahora se habla de “los Veintisiete”), como es el caso de Workington, distrito en el que han ganado los laboristas desde 1918, hasta ahora. A pesar de ello, Londres ha supuesto el único reducto de este partido, lo que supone un gran apoyo para su alcalde, de orientación anti-Brexit, Sadiq Khan, que en mayo debe enfrentarse a elecciones municipales. No obstante, los pésimos resultados han conducido en última instancia a que el líder del partido, Jeremy Corbyn, anunciara el viernes un proceso de sucesión dentro del mismo, con lo que anticipa su futura dimisión. Esta declaración es el culmen de una serie de controversias acerca del giro radical que ha adoptado en los últimos años el Partido Laborista, con propuestas como la nacionalización del sector eléctrico o la distribución de banda ancha gratis entre todos los hogares, así como en torno a la postura ambigua sobre el Brexit, el pasado acercamiento a los independentistas norirlandeses y la pasividad ante acusaciones, hacia su propio partido, de antisemitismo de Jeremy Corbyn, que en última instancia han conducido a su fracaso en estos comicios.

  De esta manera, estas elecciones han supuesto una victoria del bipartidismo frente a las expectativas que se tenían de que pequeños partidos pudiesen dividir sustancialmente el electorado. Sin embargo, estos partidos han obtenido un apoyo muy bajo. Tal es el caso del Partido Demócrata Liberal, liderado por Jo Swinson, que ha perdido un escaño (el de la propia Swinson, que además de verse obligada a abandonar la Cámara de los Comunes, ha dimitido de la dirección del partido), quedándose en 11 diputados, el cual había sido previsto como el principal baluarte del movimiento anti-Brexit; o del Partido del Brexit, formación radical antieuropea, liderada por Nigel Farage, que no ha obtenido representación parlamentaria.

  Otro aspecto que cabe señalar con respecto a las elecciones de este jueves es el gran despunte de partidos secesionistas, como el Partido Nacional Escocés (Scottish National Party, SNP), que ha obtenido 48 diputados, trece más que en los anteriores comicios, auge que ha aprovechado su líder, Nicola Sturgeon, para anunciar un nuevo referéndum por la autodeterminación de Escocia (el anterior de 2014 mostró como resultado que un 55% de los votantes apoyaban la permanencia de Escocia en el Reino Unido, y provocó la dimisión del anterior líder del partido, Alex Salmond) para 2020, en este caso enmarcado en el tradicional apoyo del partido a la permanencia en la Unión Europea, a pesar de la declaración explícita de Johnson de que no apoyaría tal referéndum. Otro caso es el de los partidos Sinn Féin y el SDLP (Social Democratic and Labour Party, Partido Socialdemócrata y Laborista), tradicionales apoyos del secesionismo norirlandés. El primero ha obtenido siete escaños y el segundo dos (no obstante, ninguno de sus diputados ocupa sus respectivos escaños como manifestación de rechazo a la autoridad del gobierno de Londres sobre Irlanda del Norte), logrando superponerse entre ambos al Partido Unionista Democrático (Democratic Unionist Party, DUP), tradicional soporte de la permanencia de Irlanda del Norte en el Reino Unido, que ha perdido dos diputados, quedándose en ocho.

  Así pues, la situación que estas elecciones dejan en Reino Unido resulta poco halagüeña por la presencia de dos frentes abiertos: la división generada por la inminente salida del país de la Unión Europea, y la escisión que pueden generar los movimientos de autodeterminación en Escocia e Irlanda del Norte. Sólo la evolución de los acontecimientos, y los resultados de los futuros comicios regionales y municipales de mayo de 2020 arrojarán luz sobre el futuro de Albión (e Irlanda del Norte).

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