¿El fascismo del siglo XXI?

 

-Pedro Aguado-

Una vez se está enfriando el tema de la lección sobre la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos, aunque sigamos viendo portadas en los periódicos sobre alguno de sus diversos disparates, conviene analizar de manera concisa las reacciones pertinentes de los respectivos líderes políticos que anonadados por el resultado, algunos guardan esperanza y otros arremeten contundentemente contra el futuro POTUS.

Por un lado, encontramos un mensaje de confianza ficticia por parte de Clinton y del aún actual presidente de este país, Barack Obama, quienes no pierden la esperanza en que Trump no cumpla con sus esperpénticas propuestas. Sin embargo, cabe destacar que desde la intervención de Clinton no se le ha vuelto escuchar, lo que augura, sin lugar a duda, una muy próxima jubilación ya que con 69 años y una carrera política más que duradera, tras perder estas elecciones no tiene otra alternativa que sentarse en el banquillo. Pocos son los candidatos que tras perder las elecciones vuelven al ring de combate.

Encontramos a los diferentes líderes europeos que, pese a estar evidentemente preocupados, simplemente se dedican a mandar mensajes indirectos sobre la importancia de tener un aliado fuerte al otro lado del Atlántico. Recordemos que Estados Unidos tiene como primera potencia mundial (a mi parecer por delante de China) y como “líder” de la OTAN, una mayor responsabilidad que el resto de países. Aparte, otro de los propósitos que guarda relación con los europeos es el TTIP, tratado que el mismo Trump ha demonizado en multitud de ruedas de prensa y que el mismo Obama intentó cerrar antes de las elecciones, pero no pudo. De esta forma, Trump y toda la izquierda anticapitalista conseguirán acabar con un acuerdo de libre comercio, que pese a haber sido pactado con un total secretismo entre políticos, no deja de ser un pacto para abrir más las fronteras entre americanos y europeos. Además, los tan esperados mensajes afectivos de felicitación por parte de Putin, Marine Le Pen, Erdogan o el antiguo líder del partido por la independencia de Reino Unido. Unidos forman un gran equipo de conservadores dispuestos a imponer democráticamente sus ideas tan poco galantes de la libertad.

Para finalizar, encontramos a mis amigos de Podemos y de Izquierda Unida, que a la vez que llaman fascista a Trump se manifiestan junto a él por la lucha contra el capitalismo, la globalización, el “neoliberalismo”, los recortes, la deslocalización, el poder establecido, etc. Algunas de las preguntas que me hice al leer las declaraciones de Pablo Iglesias y Alberto Garzón sobre el tema fueron: si Trump es fascista, y 60 millones de personas le han votado, ¿hay 60 millones de personas a las que no le desagradan las ideas fascistas de Trump?¿Cómo de malo es el establishment como que prefieran al fascista de Trump antes que a Hillary?¿Si Trump es fascista, y para los votantes de Trump Hillary es peor, para estos Hillary qué será? ¿Liberal? Una vez visto el socialismo del siglo XXI creí que nada peor podría llegar, pero sí, el fascismo del siglo XXI está aquí y, al parecer, ha llegado para quedarse.

 

Deja un comentario