De hórreos y frisuelos

-Guille Suárez- La pasada semana el secretario general del Partido Popular, Pablo Casado, realizó una visita a Asturias, en la que el hecho más destacable fue una de sus declaraciones en las que mostraba su preocupación por que “los niños asturianos sólo estudian hórreos y frisuelos”. Dichas palabras han producido un profundo malestar en la sociedad asturiana hacia el líder del partido, algunos lo consideraban como un error puntual sin importancia, pero lo cierto es que no es la primera vez que Casado ataca a la cultura asturiana.

Su anterior ataque había tenido por objetivo el asturiano que, en contra de lo que muchos aún creen, es una lengua con todos y cada uno de los requisitos, surgida de manera paralela al castellano, aunque por desgracia y por la inacción de la clase política asturiana, no goza del estatus de cooficialidad del que poseen otras lenguas. Más en concreto dijo que era una lengua inútil, ya que era hablada por una ínfima minoría y que, contradictoriamente, no estaba en riesgo de desaparición. Sólo contraponiendo esas dos afirmaciones, ya se puede palpar la ignorancia al respecto de un Pablo Casado que no duda en desprestigiar a toda una lengua y, por ende, a toda una cultura, que ni siquiera conoce. Si bien es cierto, posteriormente rectificó en parte su posición, al menos matizando los términos con los que describía al asturiano, aunque volvió a hacer afirmaciones preocupantes como que en Asturias se habla castellano, reduciendo todo uso del asturiano a cuestiones marginales.

También es cierto que, con la aparición de las tecnologías de la información y la comunicación, el peso de las declaraciones de los políticos ha llegado a un punto en el que se hace necesario planificar cuidadosamente cada palabra a emplear, a fin de evitar cualquier polémica que pueda surgir. En la prensa es frecuente que, cada vez que aparece alguna cara nueva en el plano político nacional, salga alguna noticia sobre alguna declaración pasada del personaje en cuestión, si no alguna publicación suya pasada en alguna red social. Esto hace que tenga una profunda sospecha de que las polémicas declaraciones del secretario general del Partido Popular sobre Asturias responden a un meticuloso plan de estrategia política. Recientemente, en las elecciones en Andalucía, se pudo ver la entrada a un parlamento de un partido, Vox, ideológicamente ubicado en la extrema derecha. Esto supone que, parte del electorado del PP, partido más cercano a las tesis de Abascal, haya decidido cambiar su voto en aras de una política más rígida, especialmente en el plano territorial. Tal vez entonces, las declaraciones de Casado no sean más que un ataque a la cultura asturiana, de cara a homogeneizar el estado español, imponiendo un modelo cultural y la lengua castellana a las diferentes comunidades, en lo que supone un importante giro a la derecha de la deriva del partido. Tal vez pueda ser una estrategia útil de cara a recuperar el voto perdido a manos de Vox, pero supondría una importante pérdida de la autonomía del Partido Popular, que de ser así se vería asumiendo algunas de las tesis de un partido de extrema derecha, en lugar de continuar construyendo una identidad propia.

Pero lo más grave aún es que las críticas al modelo educativo en Asturias, uno de los mejores de España, además de ser completamente absurdas, vengan de alguien que, a pesar de ser un candidato a la presidencia del país, haya obtenido presuntamente de manera ilegítima sus títulos universitarios. Es cierto que hay notables indicios, pero por desgracia para la política española, los presuntos crímenes han prescrito.

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