De cómo Física o Química te hizo abrir los ojos

-Álex Arribas-

Intenté volver a verla hace unos meses, pero desistí. Todo era demasiado 2000, la ropa, los peinados, la vida. Pero, cuando pasas de la primera temporada, empieza el salseo bueno. Ahora me estoy terminando la tercera y me doy cuenta de lo importantísima que fue en mi desarrollo y comprensión del mundo que me rodeaba. Ni qué decir de cómo era ese mundo, pero voy a intentar describírtelo.

Tendría 11 años cuando empecé a ver esa súper promocionada serie llamada “Física o Química” (FoQ). Presentaba un elenco coral -que yo pensaba que coral era solo donde vivía Nemo con su familia, pero aquí me refiero a unos protagonistas cuyas historias se cruzan, creando un collage-. Tenía muchas oportunidades de convertirse en la serie de una generación; y vaya que si se convirtió. El día del capítulo se esperaba como agua de mayo, y la mañana siguiente estábamos todos como pollos sin cabeza recordándolo y comentándolo durante toda la semana, hasta que llegaba el próximo.

Para un niño de un pueblo tan pequeño como el mío, todo lo que veía era ideal. Esa vida tan intensa y llena de emociones; era un sueño. A medida que la serie avanzaba, se fueron incorporando nuevos personajes, y los antiguos evolucionaban extraordinariamente. Y mis ojos empezaron a abrirse, viendo que gente tan diferente podía entablar una amistad; que en un mismo tiempo y espacio podían convivir todo tipo de orientaciones sexuales, maneras de ver la vida y personalidades. A pesar de que yo no lo viese en mi día a día, sabía que en algún lugar esa realidad tenía que existir.

Y así es cómo llegamos al Alex que se vino a Madrid porque no podía quedarse allí. Y ese mismo fue el que descubrió, casi sin darse cuenta, que la vida imita a FoQ. Me he encontrado con personalidades que bien podrían ser personajes de la serie. Pero no puedo olvidar decir que al que más he encontrado ha sido a David. Es, desgraciadamente, el que más se repite. Si no sabes de que estoy hablando te cuento: David llega a mediados de la serie, y se presenta como “Hola soy hetero y me gusta más una tía que a un tonto un lápiz”; pero ay, el que se presenta así y va de “machito” oculta algo. No te voy a hacer spoiler, pero es gratificante ver cómo se va desprendiendo de su coraza- porque la heterosexualidad pesa como una bombona de butano- y deja al desnudo sus sentimientos y su verdadero yo.

Además, poder disfrutar ahora de FoQ ha sido toda una bocanada de aire fresco, porque el final de la quinta temporada de “The Good Wife” me dejó devastado y necesitaba algo más ligero. Y voy y me pongo a ver Física o Química, con la inocente idea que podría tomarme un respiro; pero nada. Los capítulos duran una hora y media aproximadamente, y están tan llenos de información que es imposible distraerse.

Con todo esto, vengo a reclamar el espacio que no se le dio a la serie en su momento, para recordarla e invitarte a que la veas por primera vez o vuelvas a disfrutarla; porque, a pesar de que hayan pasado 9 años desde su estreno, es como cuando vuelves a casa de fin de semana, todo sigue (casi) igual.

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