Con dos ovarios

– Diego Martínez –

 

Durante toda la vida, el papel de la mujer ha sido secundario frente al del hombre en todos los ámbitos, desde la política hasta lo personal, pasando por el trabajo, las responsabilidades… Pero sin lugar a duda, en la ciencia es donde esa discriminación se hace absolutamente palpable, y es que hablar de mujeres y ciencia se reduce, en la mayoría de casos a hablar de Marie Curie. El problema reside en que, aunque alguno no os lo queráis creer, hay más mujeres influyentes y determinantes en la ciencia. Desafortunadamente, su trabajo ha sido siempre ocultado, menospreciado, e incluso robado por los hombres. Por eso en este artículo voy a presentaros a alguna de estas desconocidas.

 

Ya que la he mencionado, quisiera empezar por Marie Curie. Nacida en Varsovia en 1867, estudió física y matemáticas en la Universidad de París, donde años después impartiría clase siendo la primera mujer en lograrlo.

Fue la pionera en el estudio de la radiación, término que ella misma acuñó, y gracias a sus estudios, hoy en día contamos con los elementos que ocupan el puesto 84 y 88 en la tabla periódica, el polonio y el radio respectivamente.

Debido a estos descubrimientos, Marie Curie logró laurearse con el Nobel, siendo la primera mujer en ser galardonada con este premio, premio que se le concedió en la especialidad de Física. Sin embargo, no se limitó a ser la primera mujer en ganarlo, sino que también fue la primera persona en ganar dos premios Nobel en distintas especialidades, ya que el segundo lo obtuvo en Química ocho años después de obtener el primero.

 

La segunda mujer a la que he decidido hacer un hueco en este artículo es a Alice Ball. Primera mujer norteamericana de raíces africanas graduada en la universidad de Hawái. Y aunque no cuenta con ningún Nobel en su “palmarés”, he decidido introducirla la segunda en la lista no por su descubrimiento, sino porque se tardaron más de 90 años en reconocerle su trabajo.

Alice Ball se graduó en química y desarrolló un aceite inyectable que se convirtió en la única cura de la lepra hasta la década de 1940, cuando aparecieron los antibióticos. Este descubrimiento tardó tanto en reconocérsele debido a que murió a la temprana edad de 24 años sin haber llegado a publicar sus resultados, no obstante, quien sí que los publicó fue Arthur L. Dean, a quien se le atribuyó todo el mérito durante demasiado tiempo.

 

Cambiando de tercio, lo más probable es que todos hayamos oído hablar de la estructura helicoidal del ADN, descubrimiento de James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins en la universidad de King’s College en Londres, donde también trabajó la tercera miembro de nuestra lista, Rosalind Franklin.

Como posteriormente admitiera Watson, el Nobel que recibieron no habría sido posible sin la ayuda de las imágenes de ADN por difracción de rayos X que tomó Franklin el tiempo que trabajó en el proyecto. Pero debido a desacuerdos con el director de la universidad y con su colega Wilkins, Franklin se vio obligada a abandonar el proyecto, comenzando otro con su propio equipo en Birkbeck College. Este otro proyecto acerca de las estructuras moleculares de los virus conllevó, aparte de descubrimientos revolucionarios, a su colega en la investigación Aaron Klug, a ganar el premio Nobel de química en 1982. Premio con el que no se la pudo recompensar debido a su muerte a los 37 años.

 

Por último, quiero unir a esta lista a Jocelyn Bell, mujer a la que le debemos el descubrimiento de la primera radioseñal de un púlsar; que como todos sabemos, un púlsar es una estrella de neutrones que emite radiación periódica. Pero no es solo por su descubrimiento por lo que la saco a coalición, sino por el robo intelectual que sufrió a manos de sus compañeros de investigación.

Bell, cuando llevó a cabo este descubrimiento, estaba investigando en la universidad de Cambridge siendo la alumna de Antony Hewish, quien en 1974, junto a su colega Martin Ryle, obtuvieron el Nobel de física por el descubrimiento de los púlsares. Bell defendió en un entrevista que no lamenta no haberlo ganado y que su vida ha sido mejor que si lo hubiera ganado.

El 6 de septiembre de este año, con el fin de reconocerle su descubrimiento se la ha hecho acreedora del premio especial Breaktrough en física fundamental, que consta de 3 millones de euros, dinero con el que Bell establecerá un fondo para acabar con los problemas para investigar de mujeres, minorías étnicas y estudiantes refugiadas.

 

A esta lista le podríamos añadir nombres como Valentina Tereshkova, primera mujer astronauta de la historia, en 1963 a bordo de la nave Vostok-6, con la que batió el record de completar 48 órbitas a la Tierra. Y dentro del sector aeroespacial no podemos dejar fuera a Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, mujeres que hicieron famoso a Neil Amstrong, ya que ellas fueron las encargas de realizar los cálculos necesarios para el primer alunizaje. Y a quien sí que no podiamos dejarnos fuera es a la considerada primera científica de la historia, Hipatia de Alejandría. Escribir sobre geometría, álgebra y astronomía, mejorar el diseño de los primitivos astrolabios e inventar un densímetro estarían entre sus obras más reseñables, pero desafortunadamente no nos ha llegado lo suficiente de su obra como para poder entender lo importante que fue en nuestra historia.

Logicamente quedan infinidad de mujeres por nombrar, desde las más laureadas hasta las no galardonadas; mujeres que vivieron hace siglos y mujeres que actualmente siguen vivas e investigando por todos nosotros; mujeres de todas las nacionalidades conocidas, y hasta habrá alguna de algún país que no conozcamos, pero todas ellas mujeres al fin y al cabo. Las mujeres han contribuido con infinidad de descubrimientos y estudios (y siguen contribuyendo), y aún hoy parece que a la sociedad sigue teniendo reparo a la mujer ingeniera o a la mujer física, algo que no provoca más que un atraso en la sociedad.

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