COMANDO SANTA EN TAPAPIES

– Pilar Rico del Valle –

Este mes de Octubre tenía lugar en Madrid la octava edición del Tapapiés, un festival multicultural de tapas y música urbana. Nos ubicamos en el barrio de Lavapiés, famoso por su rica mezcla de culturas, donde conviven más de 88 nacionalidades distintas. La tapas se realizaron en más de noventa locales y el concurso consistía en la suma de una tapa más un botellín o caña de estrella dam por el módico precio de dos con cincuenta euros, y para los más tiesos uno cincuenta sólo la tapa.

Así pues, gracias a mi veterano “Javito calvoroti” me enteré de este maravilloso evento y me dispuse a asistir el día 27 de Octubre con mi fiel amiga y amante de la comida Gaelle Palfi Chapman y otros colegiales que se nos sumaron.

En primer lugar fuimos al Finocchio Ristorante, un italiano situado en la Calle de Embajadores, 64.  Ahí pudimos degustar una tapa formada por una croqueta de arroz, mantequilla, champiñones, queso, huevo, pan rallado y trufa negra, acompañada con media rodaja de tomate y una buena cerveza. Una tapa vegetariana y muy sabrosa, pero no fue la mejor que probé en aquella noche gastronómica.

Más tarde nos dirigimos a La Tapa-Chula, que nos traslado a México con su rica tapa de carne de cerdo marina en miel, lima, ron y salsa siracha en un totopo con cama de guacamole. Una explosión de sabores que conquistó mi corazón y mi paladar, coronándose como mi favorita.

De México volvimos a España a disfrutar de la carne y que mejor para hacerlo que en La Chulapa en Mayrit. Ahí la tapa ofrecida fue un cucurucho de ternera, huevo duro, champiñones, aceitunas y crema de roquefort. Una tapa exquisita y abundante situada segunda en mi ranquin de favoritos.

La penúltima tapa fue sin duda la más abundante, en el restaurante Shapla II Indian pudimos saborear de un rico arroz basmati polao, pollo con yogur, almendras, coco y salsa dulce. Una tapa sencilla pero deliciosa que no defraudó.

Finalmente ya saciadas de comer y beber quisimos darnos un último capricho degustando la tapa de Oficina 42. La avaricia rompió el saco y en este caso acabamos con un amargo sabor de boca al recibir la tapa, tan pequeña que para encontrarla había que usar lupa. El bar parecía un antro de tecno y la camarera estaba empanada. Lo que podría haber sido el broche de oro para una velada fantástica acabo por decepcionarnos. Sin embargo os animo a todos a que el año que viene asistáis a este genial festival que te da a conocer una ampliaba cultura gastronómica. ¡VIVA LA COMIDA!

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