Big Man Plans, una pequeña historieta de venganza

-Máximo Simancas-

Eric Powell es un autor que siempre ha demostrado una habilidad excepcional a la hora de narrar historias que conjuguen la violencia más descarnada y el humor. Al igual que cineastas como Quentin Tarantino o los hermanos Cohen, este guionista y dibujante de tebeos puede crear personajes cómicos que, sin embargo, cuentan con cierta complejidad que causa empatía cuando la historia toma derroteros más oscuros. Ya lo demostró en series como El bruto, su obra maestra, y lo vuelve a demostrar con la miniserie Big Man Plans. A lo largo de sus cuatro números, Powell vuelve a demostrar sus virtudes como narrador y, junto a su amigo Tim Wiesch, cuenta una historia concisa y brutal sobre la venganza y el rechazo social a alguien que es diferente.

El cómic narra la dura vida de un enano criado en una familia de Tennessee que, al perder a su padre y verse alejado de la única chica que sentía aprecio por él, tendrá que sobrevivir en un orfanato donde será vejado a diario. Al sentirse perdido y sin un objetivo concreto en la vida, intentará alistarse en el ejército. Tras un humillante rechazo, será reclutado por un agente secreto del gobierno estadounidense para colarse en los túneles del Vietcong durante la Guerra de Vietnam. Recibirá un intenso entrenamiento al que pocos sobreviven, y volverá a su país solo para encontrar que nadie le recompensará por su labor. Tras años de resentimiento que le llevan al borde de la locura, hará una última visita a su tierra natal para saldar cuentas.

En un principio puede parecer una historia que, si bien resulta algo triste, presenta elementos cómicos que la convierten en un entretenimiento gamberro sin más pretensiones. Aunque, desde luego, Powell y Wiesch no pretenden revolucionar la historia del Noveno Arte, sería injusto reducirla a eso, ya que la trama evoluciona de una forma que pilla desprevenido al lector y hace que este se vea envuelto en una historia mucho más incómoda de la que compró. Los cambios de tono mal llevados suelen ser criticados con razón en cualquier tipo de ficción, pero Powell ha demostrado en sus obras que, como la vida misma, una historia puede contener altas dosis de comedia sin perder ese fondo trágico que la hace relevante.

Cabe destacar que los dos escritores concibieron el argumento cuando el afamado autor se dedicaba a vagabundear y tenía que malvivir en el sótano de su amigo. Entre copa y copa, los dos idearon esta historia, que refleja un sentimiento de desarraigo que conocen muy bien. El personaje protagonista, como ellos advierten, no es un héroe: se trata simplemente de un tipo muy cabreado que quiere su venganza y se encarga de mostrarlo en cada viñeta. En este sentido, el dibujo resulta lo suficientemente crudo como para que la necesaria violencia de la historia no resulte estéticamente atractiva. A pesar de que no podemos sino sentir rechazo a la mayor parte de personajes que la sufren, los autores nos muestran que el humor de este cómic es solo circunstancial y que el meollo de la cuestión es mucho más trágico de lo que imaginamos en un principio.

La historieta maneja con inteligencia las revelaciones que va mostrando, hasta el punto de que no sabemos realmente cuál fue el detonante de la acción hasta la última viñeta. De esta forma, mientras la trama se desarrolla en el presente, vamos aprendiendo más cosas del protagonista a través de flashbacks. Lo que en un principio nos parecía un simple perturbado salido de un sangriento sainete para descansar entre otras lecturas de mayor calado acaba convirtiéndose en una figura por la que solo cabe sentir compasión. Un protagonista memorable que

esperemos que los guionistas no retomen en proyectos futuros, porque su historia ya ha llegado a su final y no necesita ningún añadido.

En definitiva, aunque este cómic no revolucionará el mercado y su trama sea bastante sencilla, se trata de un producto interesantísimo que no dejará a nadie indiferente, y de un nuevo éxito de un autor ya consagrado.

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