Art et liberté: ruptura, guerra y surrealismo en Egipto (1938-1948)

-Carmen Martín-

Este es el nombre de la primera exposición de arte vanguardista no europeo que recoge el Museo Reina Sofía hasta mayo de este año. Hecho que no debe pasar inadvertido: además de una gran muestra artística, esta pequeña colección cuestiona la visión de la historia del arte del siglo pasado desde nuestros egocéntricos ojos occidentales, que a menudo olvidan la capacidad creativa y revolucionaria ajena a sus grandes capitales.

Art et liberté fue un movimiento surrealista independiente nacido en el Egipto de los años 30, de la mano de un grupo de artistas de lo más heterogéneo que, asfixiados por el yugo colonialista inglés, por el sentimiento nacionalista de la rica burguesía de su país, por el malestar social y la injusticia de su pueblo, deciden enfrentarse al mundo y proponer una revolución desde diferentes ámbitos del arte y la cultura, con un marcado carácter interdisciplinar. Por ello, sus filas están repletas no solo de pintores, fotógrafos o todo tipo de artistas visuales, sino también de escritores, poetas, periodistas ( como el célebre Georges Henein)…cuyo trabajo se refleja en revistas (como Don Quixotte), artículos o poemas. Son artistas, pero son también activistas: su concepción del arte como medio de cambio y de ruptura es esencial para entender su obra; agresiva, mordaz, en ocasiones hiriente a una mirada sensible.

Y es que es precisamente esto lo que se busca, un impacto emocional, un alejamiento del academicismo y de una visión embellecida de la realidad. La mayor parte de las obras tienen como referencia el cuerpo humano, pero no como modelo de belleza o inspiración, sino como fruto del dolor, de la desesperación, de la corrupción, cuyo causante no es otro que el mayor conflicto del siglo XX, la Segunda Guerra Mundial. No debemos olvidar que, como colonia de un país europeo, Egipto sufrió las consecuencias de esta terrible guerra, que tiñó de sangre y oscuridad la producción artística del momento. Encontramos así cuerpos despedazados, mutilados, cadáveres incoherentes… reflejo del sentimiento que protagonizó las décadas más oscuras de nuestra historia: el sufrimiento.

El surrealismo se convierte estos años en un instrumento de oposición contra los fascismos, y a favor de un modelo de ser humano que crea en la igualdad social, racial, económica y de género.

Esto último es un rasgo especialmente característico de los integrantes de nuestro grupo, pues gran parte de ellas eran mujeres, como Inji Effletour, Amy Nimr o Lee Miler. Estas eran artistas o mecenas que dieron un importantísimo impulso a la corriente, y cuyo trabajo influyó en el enfoque feminista de la obra de sus compañeros. Vemos, de esta manera, el personaje de la mujer como protagonista de muchas de las pinturas, sin embargo alejado de la concepción más convencional del cuerpo femenino como fuente de sensualidad e inspiración. Es, por el contrario, una crítica de la situación desfavorecida de la mujer que sufre las consecuencias de la guerra de los hombres, convertida en un pedazo de carne para la prostitución y la explotación. Así se lee en una cita presente en la exposición, en boca de Heines:

“La voz de la mujer de la ciudad se filtra ahora por todo el horizonte. Dice que siente unas violentas ganas de volver a su río. Quiere relatarle la historia de los brazaletes que le abrasan los brazos. Y de los ardientes insomnios que le vacían los ojos y que solo desaparecerán con la tentación de matar a ciertos amantes incapaces de comprender nada que no sea su cuerpo”.

Su revolución es también artística dentro del mundo vanguardista, pues proponen un nuevomodo de arte surrealista, al que Ramsés Younane bautizó como Realismo Subjetivo. No creen en un surrealismo onírico sin referencias a la realidad, ni en uno excesivamente premeditado: sus obras incluyen, por ello, elementos simbólicos que mantienen una conexión con la realidad y que ayudan a comprender el significado que esconde cada cuadro, y a llevarlo, en consecuencia, a un mayor ámbito colectivo- que era, al fin y al cabo, su finalidad.

Son muchos los rasgos a destacar de este grupo, pero si hay algo que interesa, y que explica su importancia a día de hoy – y, en especial en el Museo Reina Sofía- es la relación que estos artistas mantuvieron con la situación internacional y, más concretamente, con el arte y la situación política española: no es casualidad que el manifiesto de este movimiento, titulado Vive l’art degeneré, fuera ilustrado ni más ni menos que con el Guernica, uno de los más importantes reflejos del papel social y político del artista en época de guerra. Art et liberté se solidarizó desde un primer momento con España, y con todos aquellos países que sufrieron los primeros y terribles pasos del fascismo.

Deja un comentario