Análisis político de los debates electorales

-Guille Suárez- Esta semana han tenido lugar los dos eventos más esperados de esta campaña electoral: los dos debates entre los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno que tuvieron lugar tanto en la televisión pública, como en la privada. Sin embargo, uno de los partidos al que las encuestas otorga un resultado más que notable en las próximas elecciones, el partido de extrema derecha VOX, finalmente no pudo acudir como tenía previsto al debate en el grupo Atresmedia debido a la negativa recibida por parte del comité electoral central, lo cual desencadenó una importante polémica, así como una serie de conflictos derivados de la intención inicial de Pedro Sánchez de sólo acudir a uno de los dos debates.

 Entrando ya en lo visto en plató, se podría decir que el nivel de ambos debates fue muy bajo. La tónica general de los candidatos a presidente fue tratar de atacar y desprestigiar a los demás oponentes, sin apenas mostrar ninguna de las propuestas recogidas en sus programas electorales. Además de la falta generalizada de contenido, tampoco estuvieron correctos en cuanto al «modo». Se sucedieron las interrupciones a los otros candidatos durante sus tiempos de palabra, especialmente por parte del candidato de Ciudadanos Albert Rivera, las cuales no se vieron reflejadas en el cómputo de los tiempos de intervención de los diferentes candidatos. Se podría decir que más que un debate serio entre candidatos a presidir el país pareció más bien una discusión propia de los tertulianos de un programa de prensa rosa.

A continuación, procederé a desgranar de manera individual las tácticas empleadas por cada candidato.

 Pablo Casado: En mi opinión, ha sido el candidato con una peor estrategia en ambos debates. El candidato del Partido Popular se centró en destacar el papel histórico del PP y en resaltar los aspectos positivos de las anteriores etapas en las que el partido ostentó el gobierno. Además de que, por el hecho de limitarse a recordar los logros del pasado, no incidió en ningún momento en lo que debería ser lo primordial, las propuestas de cara a esta legislatura, el candidato del PP debería darse cuenta de que es el menos indicado para alardear del historial de su partido. Más cuando los innumerables casos de corrupción que se desarrollaron en el interior del partido a lo ancho y largo de España han hecho que un amplio sector del electorado ubicado en zonas próximas a su espectro ideológico, optasen en las anteriores elecciones por un partido político “nuevo” como era entonces un Ciudadanos que tenía por bandera la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción que, sin embargo, en la práctica no fue tal. Otro aspecto muy reseñado con respecto a sus intervenciones fue el uso de numerosas gráficas, cuyos datos en ningún momento especificó la fuente de la que procedían, cosa que cualquier alumno que hubiese presentado un trabajo de fin de grado o máster debería saber.

  Albert Rivera: Las opiniones que suscitó la intervención del candidato de Ciudadanos en ambos debates son bastante dispares: algunos le consideran el ganador, y otros el peor. Lo que sí que queda claro es que su participación no dejó indiferente a nadie. Cabe destacar lo activo que se mantuvo en todo momento en ambos debates. En ocasiones, incluso demasiado. Sin embargo, sus intervenciones se centraron en atacar a Pedro Sánchez. Desde envites verbales criticando su gestión, hasta la exhibición de una foto que se tomó la molestia de enmarcar en la que se veía al actual Presidente reunido con Quim Torra. De cara a algún sector de la población, la utilización de fotos personales de Pedro Sánchez pueda resultar llamativa, e incluso eficaz, pero la cantidad de parafernalia que llevó a los debates terminó de convertir lo que se debía suponer un intercambio de ideas serio, a la altura de cuatro candidatos a la presidencia en un espectáculo dantesco. Respecto a sus intervenciones, no aportó nada nuevo. De hecho, se excedió notablemente en los ataques al actual Presidente, a quien llegó incluso a exigir su dimisión por unos casos de corrupción en los que no tuvo absolutamente nada que ver, tanto por su localización geográfica como por el marco temporal, ya que sucedieron en una época en la que Sánchez no ostentaba ningún cargo de relevancia en el partido. Siguió haciendo hincapié en el conflicto en Cataluña, incluso en momentos en los que se estaba discutiendo sobre empleo o sobre educación. Está claro que Cataluña se ha convertido en el único punto programático del partido naranja y, sin embargo, no han propuesto ninguna solución al conflicto, además de la aplicación reiterada del ya famoso Artículo 155 que además de estar ideado para su aplicación puntual, no ayuda a pacificar la situación. Aunque seguramente a Albert Rivera tampoco le interese solucionar el problema que ha llevado a su partido a ganar las elecciones catalanas.

Pedro Sánchez: El actual Presidente del Gobierno ha sido el más perjudicado por la polémica durante la pasada semana en cuanto a su negativa a participar inicialmente en el debate del grupo Atresmedia tras su inicial aceptación, debido a la no asistencia del partido ultraderechista VOX, que por lo sucedido estrictamente en el debate. Su intento de trasladar el debate a la televisión pública, de cara a poder defenderse en un entorno no tan hostil, no pasó desapercibido para ninguno de los otros candidatos que criticaron duramente su actitud, llevando a Sánchez a rectificar. Su papel en el debate fue acorde a su actual cargo de Presidente. Sus intervenciones tuvieron un tono mucho más institucional que el del Pedro Sánchez de la oposición, aunque sí que tuvo momentos en los que realizó algún contraataque puntual a algún tirón de orejas de los otros candidatos, si bien se centró en ensalzar los logros conseguidos por su gobierno a pesar de estar en minoría durante esta moción de censura. Si bien su papel en general fue discreto, ha estado correcto en las formas y posiblemente por su condición de Presidente haya optado, valga el símil deportivo, por defender el resultado de la ida. Ha optado por no arriesgar demasiado, por jugar defensivo, y viendo la tendencia creciente de la intención de voto al Partido Socialista, parece una estrategia lógica y razonable.

 Pablo Iglesias: El candidato de Podemos es, seguramente, el que llegue a las elecciones en un peor momento en el plano interno. Las numerosas fracturas que sufrió el partido, el giro personalista tras el congreso de Vistalegre en el que Pablo Iglesias revalidó su cargo como secretario general del partido, y la reciente marcha de Íñigo Errejón, han ido erosionando la imagen pública del partido, y en las encuestas sobre intención de voto, su porcentaje ha ido disminuyendo de manera importante desde las pasadas elecciones, siendo incluso superado en algunas encuestas por el partido de extrema derecha de Santiago Abascal. Respecto a su papel en los debates, muchos han sido los que le consideraron como el mejor. Tal vez sea por su formación en el mundo de las Ciencias Políticas, Pablo Iglesias ha sido el candidato que más propuestas ha dejado sobre la mesa, el que más se ha esforzado en dejar de lado la crítica a los adversarios para centrarse en confrontar las escasas ideas que salieron de los demás candidatos. Si bien en el primer debate estuvo más discreto, en el segundo ha estado más activo, y ha culminado sus intervenciones con dos “minutos de oro” muy emotivos. Tal vez lo que más ha extrañado de las intervenciones del candidato de Podemos es el tono, mucho más serenado que el de la pasada campaña, basado en la épica y en la movilización que, en base a las encuestas, bastante falta le hace al partido, aunque habrá que ver al escrutinio para juzgar su eficacia.

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