Amor al odio

-Pedro Aguado Ruíz-

«No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo». Esta maravillosa frase del filósofo y abogado francés Voltaire señala de manera impoluta la idea cúspide de la libertad de expresión. Aunque las ideas de alguien no coincidan con las de otra persona, no coincidan con las de la mayoría, falten al respeto, menosprecien la integridad moral o sean radicalmente mentira, deben ser permitidas. ¿Significa esto que la libertad de expresión no debería tener límites? Tampoco.

El Código Penal español prohíbe taxativamente el delito de odio. En efecto, tal y como dijo José María Ruiz Osorio en su artículo para El país, en España está prohibido odiar. Siempre que tu opinión «incita directa o indirectamente al odio o discriminación contra otro grupo de personas por razones ideológicas o menosprecian a ese colectivo» podrás ser judicializado y censurado. Esto llama la atención, ya que siguiendo esta lógica, la mitad de la población debería estar encarcelada. El número de personas que ha lanzado palabras de odio hacia líderes políticos, por ejemplo, tiende a infinito. Es más, los mismos políticos que lo prohíben son los primeros en caer en su propio error. En cambio, ofender a personas que pertenecen a minorías específicas, es delito. ¿Son mejores las personas que pertenecen a esas minorías? No, son iguales que el resto, y ni católicos o transexuales deberían ser protegidos por el hecho de ser como son y sentirse como se sienten.

Y es que uno puede estar en contra del catolicismo (que es mi caso) o de los transexuales (que no es mi caso), expresarlo con libertad, y punto. Por ser católico o por ser transexual, no debe tener el privilegio de que cada vez que alguien lanza una ofensa contra ti, poder denunciarlo por «incitar al odio» ¿Me tiene que decir un juez qué es lo que puedo odiar y qué es lo que debo amar? No deberia, pero es así. Si yo digo que el socialismo crea pobreza y que los socialistas quieren crear pobres, estaría “incitando directamente al odio por razones ideológicas”, e independientemente sea o no verdad, debo poder expresarlo sin barrera ninguna. Limitar la libertad de expresión al fomento del odio hacia alguien es algo abstracto y dado a confusión. ¿Decir que los niños tienen pene es incitar al odio? Pues puede que sí o puede que no. Puede que la mayoría sí y una minoría no, pero no por ello hay que mitificar a las minorías protegiéndolas, sino que hay que dejarlas existir, junto a sus partidarios y a sus detractores. Esto no significa que uno no defienda la homosexualidad o el catolicismo, sino que defiende la igualdad entre todas las opiniones y gustos. Ninguno debe estar amparado por muy minoritario o mayoritario que sea.

No son las opiniones, sean falsas o verdaderas, las que tienen derecho a expresarse, son las personas las que tienen derecho expresar sus propias ideas sean correctas o erróneas. Y ejemplos de estos en los últimos tiempos hemos tenido unos cuantos: titiriteros, chistes sobre el holocausto, insultos hacia la iglesia, autobuses antitransexuales, etc. Gritar «¡moriréis como en el treinta y seis!» incita al odio en estado puro, cuando a la misma vez estas personas piden respeto hacia los transexuales ofendidos por el autobús de Hazteoir. ¿Respeto mi propio pensamiento pero no el ajeno? Poca idea tiene esa gente sobre la libertad. En el mismo artículo mencionado el autor se pregunta “¿Tiene el error el mismo derecho que la verdad? ¿Es que la mentira o la creencia retrógrada y reaccionaria va a tener el mismo derecho a existir y manifestarse que la certidumbre científica y probada? ¿La indignidad que la dignidad?” Preguntas que llaman a la reflexión de aquellos hipócritas que ven la libertad de expresión solo cuando les conviene.

El único límite que debería tener la libertad de expresión es la calumnia, es decir, imputación de un delito hecha a sabiendas de su falsedad. Ya no estaríamos hablando de una opinión, sino de una acusación. Uno no puede decir que Mariano Rajoy ha prevaricado si no ha sido condenado por ello. Nunca debemos perder la percepción de libertad que radica en el respeto mutuo, la diversidad de opiniones y la posibilidad de estar equivocado.

 

El C.M.U. Sta. María de Europa así como este medio no se hacen responsables de las opiniones de sus colegiales.

 

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