Trainspotting 2: “Elige Vida”

-Elvira Simancas-

El empleo, la carrera, la familia, el televisor, la lavadora, el coche, el equipo de compact-disc, los abrelatas eléctricos, la salud, el colesterol bajo, los seguros dentales, el pagar hipotecas a interés fijo, el piso piloto, los amigos, la ropa deportiva con maletas en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de comida basura, pudrirte de viejo en un asilo miserable siendo una carga para esos niñatos egoístas que has engendrado para reemplazarte. El futuro. La “vida”.

Es la “vida” lo Mark Renton elige, y tras robar 16.000 libras de un “gran golpe” a sus amigos para después fugarse a Holanda con el dinero, vuelve veinte años más viejo, limpio de heroína, y convertido en una especie de mezcla de fitness y adicción a las endorfinas, positividad postmoderna y “misterwonderfulismo” que no hacen otra cosa que ocultar una incipiente crisis de la mediana edad causada por un reciente divorcio.

Trata de reunir de nuevo al grupo, para contactar con las únicas personas que en algún momento le conocieron realmente, y solventar su culpabilidad acumulada. Spud continúa estancado en el mismo estado en el que se encontraba cuando Mark se marchó, y comienza a descubrir las consecuencias de su empeño en ser “eternamente joven”, incapaz de hacerse cargo de una vida en familia con su mujer y su hija, y frustrado al comparar su evolución (casi inexistente), con el cambio radical de Renton, el “hijo pródigo”.

Begbie, tras dos décadas de prisión, sale igual de psicótico que veinte años atrás, pero más enfurecido, y sobretodo desesperado, que nunca, tratando además de recomponer su figura de padre dentro del hogar, mientras planea su histérica venganza hacia el renegado de Mark.

Sick Boy ha pasado todos estos años tratando de sobrevivir mediante sucios negocios y trapicheos varios, alternados con un trabajo en un pequeño y desierto pub, mientras intenta engañarse a sí mismo para hacerse creer que es un ganador, cambiando su asentado apodo por “Simon”, convenciéndose de que así dejará de ser el adolescente con la cabeza oxigenada que da vueltas sin llegar a ningún lado, y oculta la culpa de una pequeña gran pérdida. Con la llegada de Renton, florecen todas sus frustraciones, su envidia y rencor hacia quien era su compañero, por haber tenido la inteligencia y el valor de huir con el botín antes de que nadie lo hiciera, y atreverse además a regresar con cuatro mil libras para él, como si nada hubiese pasado.

Los cuatro se reúnen en un Edimburgo que, aunque nada tiene que ver con la ciudad que conocimos en los noventa, mantiene el ambiente, la suciedad, el matiz verdoso de las calles en las que sucedían las primeras aventuras del grupo. En este marco y tras la alegría del reencuentro, acechan el recelo, el resentimiento, los rencores, y las diferencias que ha causado en todos ellos el paso de los años.

En esta segunda parte, estrenada el 3 de febrero en Reino Unido, Danny Boyle trata de atraer y apelar al público de entonces con un bombardeo continuo de referencias y reminiscencias no demasiado veladas, que hacen que tal vez la película no tenga ese encanto de añoranza para quienes no vieron la primera parte, y esta sea por tanto, algo incompleta como obra independiente. Tenemos el pub abarrotado, los verdes campos escoceses, el tren, “el peor retrete de Escocia”, la persecución, el papel pintado con decoración de coches, Iggy Pop, el fútbol, la pelea en el bar, Lust for life, la jeringuilla, la cuchara. El estilo se mantiene, puede que de una forma demasiado forzada, con cortes, narraciones, una cámara dinámica y una fotografía oscura, aunque en ocasiones fantasiosa y casi surrealista. De algún modo parece que el director utiliza a Mark como un mero recurso guía que canalice la nostalgia del espectador y le lleve en un recorrido por los lugares emblemáticos de la primera película, como quien visita unos decorados en los estudios de Hollywood.

En definitiva, aunque probablemente la segunda parte de Trainspotting no trascienda como lo hizo la película original, dará un motivo a todos los que añoraban a Mark, Spud, Begbie y Sick Boy para reunirse y rememorar, además de observar la sutil evolución de todos ellos, volviendo a perderse en las calles de Edimburgo.

Deja un comentario