Cena de Navidad 2016

-Lucía Voltas-

En el Santa María de Europa la noche del 16 de diciembre no tiene nada que envidiarle a la del 24. Ni siquiera las luces de navidad del centro tienen nada que hacer contra la luz que los que ya somos más familia que amigos desprendimos aquella noche. La felicidad que emanaban todos y cada uno de nuestros poros se resumió en sonrisas compartidas, miradas agradecidas y, sobre todo, muchas bebidas consumidas con la que ya es nuestra familia elegida. Allí estábamos todos, alrededor de 200 colegiales cantando a grito pelado villancicos formados por todas experiencias que hemos vivido juntos. La mayoría buenas, alguna que otra mala, pero estando juntos para apoyarnos en los buenos y malos tragos, entre trago y trago de lambrusco.

Porque en eso se resume esta experiencia: en apoyar a los tuyos contra viento y marea, en conocer a las personas tal y como son, sin tapujos ni fachadas, tanto en sus mejores momentos como en los peores. Y es que es eso lo que nos ofrece este lugar, la oportunidad de un nuevo comienzo con gente única con la que compartir tus días, algo que se plasmó en esta última cena todos juntos antes de finalizar el 2016 de la mejor manera posible.

Y ahora que llega un año más, llegan nuevos errores y llegan nuevas experiencias memorables, echo la vista atrás y me quedo con los casi cuatro meses que ya he pasado aquí, porque ese número no significa nada. Yo me llevo conmigo las 94 veces que he hecho el ridículo y no he sentido vergüenza, las 15 veces que me he emocionado gritando en partidos que no eran míos, las 23 veces que me han cuidado cuando más lo he necesitado, las 4 veces que he pasado debajo de la mesa del futbolín a carcajadas, las 5 noches que han acabado con un sándwich mixto en mano, las 18 preocupaciones ajenas que he hecho mías, las 25 veces que me he reído tanto que ha dolido,  las 3 veces que he dicho adiós sin querer hacerlo, las incontables veces que me han aportado algo sin esperar nada a cambio, las innumerables alegrías que me llevo conmigo y las inmensurables ganas que voy a tener de volver de mi ciudad para volver a estar en mi otra casa.

¡Hasta el 2017, Santa!

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