-Máximo Simancas-

País: Estados unidos

Dirección: Paul Schrader

Guión: Paul Schrader, Leonard Schrader, Chieko Schrader

Intérpretes: Ken Ogata, Kenji Sawada, Yososuke Bando

Duración: 120 minutos

 

A la hora de analizar la obra de un artista, muchas veces no basta con saber en qué época vivió y de qué estilos se nutrió, aunque esta información sea muy útil. En ocasiones, para comprender realmente lo que nos quiere decir con su prosa, hay que bucear entre su vida privada para darse de bruces con sus miedos, sus sueños, sus pasiones… y para eso hay que investigar los acontecimientos que más le marcaron. Para eso podemos coger una abultada biografía o, si los inevitables exámenes nos roban el tiempo, ver una película. Y, precisamente, en el “Jueves de los imprescindibles” de los Cines Verdi proyectaban Mishima: Una vida en cuatro capítulos. Hagamos un repaso por el filme para ver cómo refleja el director Paul Schrader la presencia de este novelista.

Durante este largometraje, se nos mostrará la vida de este autor a través de cuatro capítulos que retratan sus distintas etapas, al mismo tiempo que se intercalan estos episodios con una narración del último día en el mundo de Mishima, que decidió cometer el seppuku tras reflexionar sobre su existencia.

En primer lugar, la cinta nos enseña la infancia del escritor, que siempre recordará el Japón anterior a la Segunda Guerra Mundial de una forma idealizada y que reflejará esa nostalgia en sus obras posteriores. También se muestra su intento de alistarse en el ejército para combatir en dicho enfrentamiento con solo dieciocho años, y cómo se sentía desplazado después de la derrota de su país en el conflicto. Más adelante comenzaría a escribir, criticando algunos aspectos de la sociedad como su hipocresía, y siempre aparecerá ese arrepentimiento por no haber combatido y ese polémico sentimiento de agrado hacia el Japón Imperial.

A continuación, se narrará la vida del autor en el Japón bohemio de posguerra, un espacio que le pondrá en contacto con toda clase de personajes a cada cual más estrafalario. Durante esa época, Mishima comienza a preocuparse por cultivar su cuerpo, quizás tratando de evocar a aquel soldado que nunca había podido ser. En este período de tiempo comenzará a formarse y a aprender a buscarse la vida, lo que le será útil posteriormente.

Las dos siguientes partes muestran el auge de Mishima como escritor, así como su declive personal. Comenzará a sentir una aversión indecible hacia aquello en lo que se ha convertido su Japón, y a coquetear con las ideas extremistas del nacionalismo japonés, que acabará abrazando y convirtiendo en señas de identidad. A lo largo del tiempo, verá cómo su figura se ve convertida en la de un escritor comercial, algo que queda reflejado en la entrevista en la que se compara con Elvis Presley.

Tras este apasionante recorrido, la escena final en la que el escritor acaba haciendo las paces consigo mismo a través de ese método extremo resulta extraordinariamente bella, sobre todo teniendo en cuenta el camino que nos ha llevado hasta ella. Aunque alguien no haya leído a este autor en su vida, podrá sentirse identificado con él al final de la película, y sentirá una lástima por el suicida que pocos personajes ficticios pueden igualar. Pero, al fin y al cabo, juega con ventaja: se trata de un personaje muy real, como millones que tuvieron que adaptarse tras la guerra. La diferencia es que él no quiso adaptarse.

El filme no solo cuenta una historia interesante a través de la narración, sino que muestra una estética fascinante y cuidada, que sugiere más que habla, como la buena poesía. Esta refleja los sentimientos de Mishima a la perfección y contribuye a crear un interesante documento para informarnos sobre una época en la que Japón tuvo que buscar su identidad y sobre por qué un reputado artista decide acabar con su vida.

En definitiva, una película muy recomendable para los amantes de la Historia, el cine y el arte en general.

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